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Homilías

HOMILÍA DEL SÁBADO DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

abril 15, 2017

Homilía Sábado de la Resurrección del Señor 

 

Así como Cristo resucitó de entre los muertos por la Gloria del Padre, así también nosotros llevemos una vida nueva.

Por el bautismo, afirma San Pablo en esta lectura, hemos sido incorporados a Cristo Jesús. Por eso, en esta noche Santa, esta Vigilia de la Pascua se ve siempre enriquecida con nuevos hijos en el Bautismo. 

Por el bautismo nos incorporamos a Jesús como lo dice San Pablo: incorporados a Cristo por su muerte, por el bautismo somos sepultados con él en su muerte, para que así como Cristo resucitó de entre los muertos, así también nosotros llevemos una vida nueva. 

Quizá la mayoría de nosotros podemos en un momento de nuestra vida peguntarnos ¿cuál es la vida nueva que he llevado? Quizá por nuestras caídas, nuestros errores, nuestras limitaciones, en algún momento puede llegar esa pregunta, ¿dónde está o en qué consiste la vida nueva en Jesucristo? 

Por ello es importante que esta noche hayamos recorrido la historia de la salvación, desde el Génesis con el relato de la Creación hasta el Profeta Ezequiel, que nos habla de esta alianza, que Jesucristo cumple para transformar nuestro duro corazón en un corazón de carne. 

El ser incorporados en el Bautismo no nos quita la fragilidad, pero nos fortalece en nuestro interior. El ser Bautizados no nos hace inmunes a la presencia e influencia del mal, que siempre está en nuestro tiempo y en todo tiempo. 

Por eso, hay que aprovechar a partir de esta noche, el tiempo de los cincuenta días de la Pascua. La cuaresma nos prepara para esta noche, pero en una línea de conversión, en una pedagogía para descubrir nuestros pecados, y pedirle a Dios perdón en una actitud penitencial. Ahora, la Pascua nos orienta para descubrir en que momentos de la vida Dios ha estado presente, y nos ha consolidado en esta vida nueva, bajo la guía del Espíritu Santo. 

En estos cincuenta días de la Pascua, que hoy comenzamos hasta llegar a Pentecostés, las lecturas nos van a ayudar, a lo largo de este tiempo, para que cada uno de nosotros descubramos y tomemos conciencia, que no hemos estado solos, a pesar de nuestros pecados y nuestras fallas. ¿Por qué estamos hoy aquí? Porque el Señor nos ha acompañado.

Considero que nadie puede decir, que no ha tenido una experiencia en donde el Espíritu de Dios lo haya fortalecido interiormente. Ésta es la vida nueva, el Señor a medida que  nosotros tomamos conciencia de la ayuda de su Espíritu, nos fortalece; es decir, nos hacemos más capaces para vivir las enseñanzas de Jesucristo en nuestras relaciones con los demás. 

La Vida Nueva, conducida por el Espíritu Santo, no es una vida estática, sino dinámica, que crece y se desarrolla a la luz de la Palabra de Dios, de los Sacramentos, mediante la oración y el discernimiento de lo que Dios quiere de cada una de las personas. 

Eso sí, si nos alejamos de la participación de la Eucaristía cada domingo, si nos distanciamos de la participación de los Sacramentos que dan vida, volveremos a caer y sentiremos la soledad, el silencio de Dios, el abandono de Dios. 

Pero mientras nos mantengamos en comunión con Él, nuestro espíritu crecerá al ritmo de la intimidad con Dios, y se desarrollará en nuestro corazón una sensibilidad, capaz de detectar la presencia de Dios, que camina con cada uno de nosotros. 

A eso estamos llamados, es nuestra vocación; y así, construiremos la comunidad eclesial en la fraternidad, en la generosidad, en el compartir, en el servicio. Así obtendremos esa paz interior, que el mundo jamás nos dará. La paz es el saludo y deseo de Jesús Resucitado a sus discípulos. En su nombre, les deseo en esta Pascua: la paz del Señor  Jesús esté con ustedes. Que así sea. 

  

+Carlos Cardenal Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla