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Homilías

HOMILÍA DOMINGO I DE CUARESMA

marzo 05, 2017

Homilía Domingo I de Cuaresma

05-Marzo-2017

 

Ustedes serán como Dios

 

El libro del Génesis, presenta en esta narración el inicio de la humanidad, y en ella, la tendencia que estará siempre latente en todo ser humano. Dado que Dios nos ha creado en y para la libertad, el ser humano tiene siempre la tentación, de una libertad absoluta, sin límite. Y en ese afán el único que le estorba es Dios, porque Dios nos propone orientaciones, normas, preceptos, que nos ayudarán a corresponder al proyecto que Dios tiene de nosotros, a la correspondencia de su amor.

 

El ser humano va descubriendo, que caminando por las orientaciones que Dios nos va dejando en la vida, deja de lado muchas cosas que le atraen, a las que debe renunciar, tiene que hacer sacrificios de abstención, de renuncia y de donación. Entonces surge en su interior una inquietud, ¿si hago lo que yo quiero? ¿Y sí les  doy rienda suelta a todos mis instintos y pasiones? ¿Qué pasará? ¿Seré feliz?

 

Es entonces cuando se presenta esta tentación de una libertad absoluta, sin límites; una libertad que se convierte en libertinaje. Y ahí cae, y una vez caído, se va haciendo objeto de adicciones, perdiendo la libertad que tenía, para encontrarse seducido por caminos de esclavitud. Tendencias de las cuales con dificultad podrá salir, solamente con la gracia de Dios y la ayuda de la comunidad.

 

Esto es lo que quiere decir San Pablo en la segunda lectura, que aunque se tenga esa tendencia natural, aunque la descubra uno en sí mismo, nuestra mirada no debe estar puesta en la emblemática figura de Adán, que junto con Eva, pretendieron ser como Dios, pero al margen de Dios. Nuestra mirada tiene que estar puesta en Jesucristo, que nos da la gracia, es decir la ayuda necesaria para corresponder desde mi libertad al amor de Dios.

 

Por eso el Evangelio de hoy se vuelve muy pedagógico, si ustedes ven es el mismo Jesús que se retira a la oración para descubrir su misión. ¿Quién soy yo? ¿Para qué he venido al mundo? Ha estado en Nazaret por cerca de treinta años, ha ejercido bien el oficio heredado de su padre José, ha tenido relaciones magníficas con María su madre, y con todos los miembros de Nazaret.

 

Cuando se presenta en la Sinagoga de Nazaret, habiendo ya iniciado su ministerio, la recepción que le dan sus paisanos es muy positiva. Lo cual indica que había logrado una buena reputación en su población. Lo aceptan inmediatamente para que interprete el pasaje del profeta Isaías. Ahora volviendo de esa experiencia en el desierto para presentarse como lo había descubierto, como el Mesías.

 

La vida de Jesús no era simplemente para ser carpintero como su padre. Su misión era anunciar el amor de Dios y los valores del Reino, para establecer y manifestar el camino, con el cual pudiéramos corresponder al amor de Dios.

 

De ahí su misión de anunciar el rostro misericordioso del Padre. Su decisión de acercarse a los que más sufren, con los enfermos, su presencia y capacidad de acercarse a los más alejados, los publicanos y los pecadores.

 

¿Qué es lo que pasó en el desierto, en sus horas de meditación, de oración? Jesús tuvo en cuenta la Palabra de Dios. Lo manifiestan las tres respuestas que da al demonio en las tentaciones propuestas. Recurre a este magnífico recurso, que está al alcance de  nosotros: La Palabra de Dios escrita en la Biblia.

 

Los Evangelios para nosotros son una herramienta indispensable, para descubrir nuestra propia vocación para la que fuimos creados por Dios. Esto es lo que la Iglesia nos propone para este tiempo de la Cuaresma. Es el tiempo de la magnífica oportunidad de replantear nuestra misión, ¿qué quiere Dios de nosotros? Y superar la tentación de simplemente proyectar lo que queremos nosotros  realizar o hacer.

 

Cuando descubrimos nuestra vocación y unimos nuestro deseo de hacer lo que Dios quiere, realizando la misión, entonces la fuerza de Dios, por medio de su Espíritu, nos fortalecerá y acompañará. No habrá cosa que no podamos lograr.

 

Hermanos, pidámosle que ahora al iniciar la Cuaresma, no desaprovechemos este tiempo favorable. Que pongamos nuestra persona en una actitud constante, dándonos los tiempos necesarios para escuchar la Palabra de Dios, para hacerla entrar en nuestro corazón, y para corresponder con mi vida a las inquietudes que el Espíritu mueva en mi interior. Que así sea.

 

 

 

 

+Carlos Cardenal Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla