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Homilías

HOMILÍA EN EL CENTRO DE DESARROLLO INTEGRAL.

noviembre 28, 2017

“Una piedra que se desprendió del monte vino a chocar con los pies de hierro y barro de la estatua, y los hizo pedazos” (Dn 2, 34).

 

La primera lectura narra esta visión, que tuvo en sueños el Rey Nabucodonosor y que lo dejó desconcertado. Acudió a un hombre sabio que le dijera si era simplemente un sueño o si,  a través del sueño, Dios le quería advertir algo. Y el profeta Daniel le interpretó el sueño.

El punto clave de la preocupación del rey era que se había destrozado esa imagen, esa estatua gigantesca. Estaba construida con oro, con plata, con bronce, con hierro; pero en los pies tenía hierro mezclado con barro. Los niños ya saben que el hierro y el barro no se pueden juntar, no se pueden mezclar, no se pueden hacer una sola cosa, son dos materias distintas, todos lo sabemos. El profeta interpreta el sueño, afirmando que los pies eran la fragilidad de la estatua, y justo la piedra tocó la debilidad y destruyó la imagen.

La combinación de hierro y barro no daban la solidez a los pies para sostener con firmeza la estatua. El Profeta Daniel la refiere a la sociedad, la refiere a los distintos reinos que van a irse siguiendo uno detrás del otro (Dn 2, 39-42). Y explica que “los pies y los dedos de hierro mezclado con barro que viste, representan un reino dividido; tendrá algo de la solidez del hierro, porque viste el hierro mezclado con el barro. Los dedos de los pies de hierro y barro significan un reino al mismo tiempo poderoso y débil” (Dn 2, 39-42).

Y sigue diciendo el Profeta: “El hierro mezclado con el barro quiere decir que los linajes se mezclarán pero no llegaran a fundirse” (Dn 2, 42). Nunca se logrará que esa mezcla se consolide, quedará el material separado uno del otro, y significa la debilidad a un lado del poder; hasta que venga un reino que será, dice, la manifestación de la llegada de un gran Reino (Dn 2, 44), pero ya no dice más.

¿Qué quiere decir esta visión y esta interpretación? Nosotros los seres humanos estamos creados por Dios. La naturaleza de Dios es distinta a la naturaleza humana, y tiene siempre el ser humano la tentación de marginar a Dios de la vida humana. Hoy en estos tiempos, más fuerte que en otros, aunque ha estado latente en todos los reinos pasados, se intensifica la intención de generar una sociedad y conciencia humana de no necesitar a Dios, de marginar a Dios, de ponerlo aparte, de dejarlo de lado, o incluso, vemos tantas manifestaciones históricas, de tratar de desaparecerlo, de que nadie crea en Dios.

La naturaleza humana está hecha a imagen y semejanza de Dios, pero es barro, es fragilidad, es como el barro, pero quiere ser hierro, quiere ser fuerte, quiere darse esa potencialidad, pero entre nosotros mismos, solos, los seres humanos, no podemos. Dice el texto: “El hierro no se mezcla con el barro” (Dn 2,42). ¿Quién podrá realizar el sueño de salir de la fragilidad humana y alcanzar la fortaleza divina? Jesús anuncia el Evangelio, la Buena Nueva que el hombre puede realizar ese sueño, y es más está creado para ello; pero solamente lo logrará de la mano de Dios.

Por eso afirma en el Evangelio de hoy, que el templo de Jerusalén tan hermoso y magno, que generaba una gran admiración en el Pueblo de Israel será destruido. Jesús dice: “así como ustedes lo están admirando, no quedará piedra sobre piedra” (Lc 21,6). Así sucedió setenta años después, cuando fue destruido por el General Tito, del Imperio Romano. No quedó piedra sobre piedra. Hoy todavía podemos ir a ver, y solamente queda la plataforma de lo que fue.

Jesús afirma que el verdadero Templo es Él. Jesús ofrece la posibilidad de mezclar el hierro con el barro, el barro que somos nosotros y el hierro que es Dios. Si unimos nuestro espíritu con el Espíritu de Dios, somos fuertes. Si nuestro espíritu queda solito, pensando que va a salir adelante, una piedra también lo destruirá. Jesús tiene la solidez, y entre nosotros mismos, entre unos y otros que somos barro, si dejamos entrar en nuestro espíritu al Espíritu de Dios, podremos hacer lo que Dios está esperando: la única fraternidad entre los seres humanos. Esa es la misión de Jesús. Por eso la misión de Jesús todavía no llega a término, está en proceso.

Muchos dicen hoy: “El cristianismo ya pasó de moda, ya no le dice nada a la humanidad”. El cristianismo tiene la única opción para darle a la humanidad la posibilidad de fraternizar en la justicia, alcanzar la paz y entrar en la experiencia del amor, pero tenemos que hacer caso a las enseñanzas de Jesús, asumirlas, para que nuestro barro se funda definitivamente con la naturaleza divina, y podamos ser lo que Jesús ha anunciado: una familia, la familia de Dios, los hijos de Dios.

Bien, pues, pidámosle al Señor Jesús que tengamos en cada generación quien interprete correctamente los acontecimientos de la Historia, como le pasó al rey Nabucodonosor, que tengamos un profeta Daniel. Tenemos que preparar personas que tengan ese don, tenemos que formar desde la niñez para que aprendan a interpretar la realidad que vivimos, y para que aprendan a descubrir los auténticos valores e irlos asumiendo. Así se genera la capacidad de ir mezclando el barro humano con el hierro divino.

Le pedimos al Señor Jesús que aquí, en el rinconcito de esta escuela, de este centro educativo, se formen las personas de manera integral y experimenten la vivencia de esos valores, para irnos uniendo con Dios mismo.

Que así sea.

 

 

 

+Carlos Cardenal Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla