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Homilías

HOMILÍA EN EL XVII DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO

julio 26, 2020

«El que encuentra a Cristo encuentra lo mejor»

 

Muy queridos hermanos, hermanas, amigos, amigas en Cristo Jesús, durante estos domingos, hoy es el tercero consecutivamente, en el Evangelio el Señor Jesús nos ha hablado en parábolas y sin duda que Él estaba muy interesado en que sus interlocutores, las personas que lo escuchaban, entendieran esos ejemplos muy sencillos, muy concretos Recuerdan ustedes hace dos semanas la parábola del sembrador, el domingo pasado la parábola del trigo y la cizaña, del grano de mostaza y de la levadura. Hoy también nos da tres parábolas, una del tesoro escondido, de la perla fina y de la red, y fíjense que todas estas parábolas quiero explicarlas para que nosotros entendamos lo que es el Reino de los Cielos, el Reino de Dios, que era el tema más importante de Jesús.

Recordarán ustedes que el precursor del Mesías, San Juan Bautista, decía: «El Reino de Dios está cerca», y es muy importante que cuando llega Jesús, llega el Reino de Dios. Jesús se identifica con el Reino de Dios y es el gran proyecto, por eso cuando Él andaba caminando en las aldeas, en los pueblos, platicaba sobre el Reino de Dios, el Reino de los cielos. El que encontraba el Reino de los Cielos se parece al que encuentra un tesoro en el campo, va y vende todo lo que tiene y después compra el terreno, porque ahí está el tesoro, esto significa que Cristo es el tesoro, que el que encuentra a Cristo encuentra lo mejor.

Hemos escuchado estas palabras tan hermosas que dicen que lo mejor que nos puede pasar en la vida es tener un encuentro con Cristo. Podemos nosotros ver a lo largo de la historia muchos hombres que han encontrado ese tesoro que es Cristo, esa perla que es Cristo. Por ejemplo, San Pablo, que perseguía a los cristianos, el día que se cayó del caballo cambió su vida: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?», ese día tuvo su conversión y entonces empezó a seguir a Jesús, a colaborar en la construcción de su Reino. También podemos pensar en San Agustín, una persona que estaba muy lejana del Señor, pero cuando lo descubrió lo siguió y trabajó arduamente en el proyecto de Dios. Los santos y muchos anónimos han encontrado este tesoro; nosotros lo hemos encontrado también y Jesús nos quiere invitar a ser colaboradores en la construcción de este reino, y entonces Él nos va indicando cuál es el camino.

El Reino de Dios es un proyecto donde Él nos va diciendo, a través de su Palabra, cómo irlo construyendo, y nos convertimos nosotros en discípulos, y también Él nos invita a que seamos misioneros y misioneras. El trigo va creciendo con la cizaña; hoy nos habla también de la red donde hay pescados buenos y malos; quiere decir que el Reino lo vamos construyendo desde ahora, pero que tendremos la plenitud en la vida eterna, y es cuando el Señor separará a unos de otros, los peces buenos de los peces malos.

Así que fíjense que hoy es muy hermoso este Evangelio, porque nos habla de la alegría: encontrar a Cristo, encontrar el tesoro. Por eso yo siempre les digo que el cristiano debe ser alguien alegre, porque está invitado a ser sembrador de las semillas del Evangelio, y Jesús nos va diciendo que el camino es el amor. Qué hermosa oración tiene San Francisco de Asís, y que nosotros también podemos ir siguiendo en nuestra vida cotidiana para ir construyendo el Reino, porque eso es lo que interesa: «Donde haya odio, yo lleve amor; donde haya división, lleve unidad; donde haya tristeza, lleve alegría; donde haya desanimo, lleve animo a los demás», eso es ponerse del lado de Jesús y de su proyecto. En aquel tiempo, muchos escribas, fariseos, sacerdotes, tenían su corazón duro, a pesar de que les hablaba en parábolas, de una manera sencilla, no entendían; ojalá que nosotros sí entendamos que estamos invitados a seguir a Jesús, a colaborar en su reino.

Yo quisiera que, para terminar esta conversación familiar, esta reflexión, todos le pidamos, como en la primera lectura le pidió Salomón a Dios, que nos dé sabiduría, y tener sabiduría significa saber escuchar, saber discernir y saber distinguir el bien del mal, para poder seguir lo que nos invita Jesús: la edificacion de su Reino. Que el Espíritu Santo nos conceda a todos sabiduría para colaborar con el Señor. Así sea.

 

+ José Antonio Fernández Hurtado

Arquidiócesis de Tlalnepantla