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Homilías

HOMILÍA EN EL XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

octubre 11, 2020

«El Rey de la eterna gloria nos haga partícipes del banquete celestial»

 

Muy queridos hermanos y hermanas que se encuentran aquí en nuestra Catedral, y también quiero saludar a los niños, niñas, adolescentes, jóvenes, adultos, que se unen a lo más grande que tenemos los cristianos, los católicos, que es la Eucaristía.

Este domingo Jesús nuevamente continúa hablando en parábolas y los interlocutores son los dirigentes religiosos, los fariseos, los ancianos. A Jesús le interesa decir en qué consiste el Reino de los Cielos, y lo compara con un banquete. Sin duda que la primera lectura que escuchamos, del Profeta Isaías, prepara el Evangelio, porque también esta lectura se hace en ocasiones cuando alguien muere, las exequias, donde dice: «El Señor preparará manjares suculentos y vinos exquisitos», se refiere a los Cielos, que nuestra vida es una vida de paso, donde estamos llamados a dejar huella haciendo el bien.

Recordemos la parábola, que es muy sencilla, pero que tiene, como siempre, un significado muy hondo, profundo. El rey, obviamente, es Dios, es quien invita al banquete. Pero resulta que, como aquel a quien invitaron a la viña y dijo que sí y no fue, pues ellos andaban con otras ocupaciones y no fueron al banquete. Volvió a invitarlos, a otras personas, claro que se refiere a esa gente muy religiosa, y tampoco escuchan, no hacen caso. Él ya ha matado a las terneras y El banquete está preparado porque hay una boda, y entonces dice: «Salgan a los cruces, salgan a la calle, e inviten al banquete a quién encuentren».

Seguramente ustedes comprenden también el significado de la universalidad, que la salvación es para todos, pero también Dios siempre respeta la libertad. Y fueron estos que estaban allá en la calle, gente pobre, gente pecadora también, sin embargo, van al banquete. Ahí les dan una ropa especial, pero también había ahí uno que llevaba una ropa que no era especial y no estaba invitado.

Fíjense, la imagen de un banquete. Todos tenemos la experiencia de una comida agradable, de un banquete agradable. ¿Cuándo hay un banquete agradable? Cuando hay fraternidad, cuando hay alegría, cuando el platillo es rico, pero sobre todo el ambiente. Todos hemos estado en una comida o un banquete de fraternidad, y por eso hoy Jesús habla en esta parábola de un banquete. Pero también quiero decirles que la Eucaristía es un banquete, lo que estamos nosotros realizando es un banquete. Siempre en un banquete hay palabras, escuchamos la Palabra de Dios; hay comida, y el mismo Cristo se nos entrega; hay música. Por eso fíjense qué hermoso, empecé diciendo yo esa frase que me la enseñó mi mamá: «El Rey de la eterna gloria nos haga participes del banquete celestial», y esa oración la hago yo antes de los alimentos.

¿Quién de nosotros no quiere participar en este banquete? El Señor nos está invitando. Ayer tuvimos un acontecimiento muy hermoso a nivel universal, la beatificación de un joven, un adolescente, Carlo Acutis, de 15 años de edad, que fue beatificado, que murió apenas hace unos años, en el 2006; él nació en Londres, Inglaterra, porque sus papás se fueron para allá por cuestiones de trabajo, pero era una familia Italiana; él tenía un gran amor por la Eucaristía por el banquete, a su edad; ayudaba también a mucha gente pobre, le daban, como decimos nosotros, su domingo y él lo guardaba, y después se dieron cuenta que siempre era para repartirlo a la gente más pobre.

¡El banquete celestial es algo muy grande! He estado yo saliendo todos estos sábados, junto con los dos Obispos Auxiliares, a confirmar a las parroquias, vamos a tres parroquias cada uno. Y yo les he dicho a los adolescentes y a los jóvenes que en este tiempo de pandemia es complicado evangelizar, porque no podemos salir a tocar las puertas, no podemos salir como las misiones que tenemos, pero yo los he invitado a que a través de los medios digitales puedan anunciar a Jesús. Y este beato, Carlo Acutis, era un especialista en manejar las redes sociales, era una especialista en mandar mensajes de Jesús a los demás.

Podemos ver nosotros cómo las redes sociales están inundadas de pornografía, de mensajes vacíos, y también quiero invitarlos, a los que están siguiendo esta Misa, a los niños, adolescentes, jóvenes, todos, pero de manera especial ellos, porque son nativos digitales, le encuentran muy bien, pueden dar los mensajes de Jesús. Cómo una palabra bonita hace mucho bien, una palabra del Evangelio, una palabra de vida

Dios siempre es el que hace los milagros, pero a través de este joven adolescente, ya por su intercesión hubo un milagro en una familia en Brasil, y cuando hay un segundo milagro puede ser ya Santo. Necesitamos mucho evangelizar a los adolescentes, a los jóvenes, con esos mensajes que lleguen al corazón, que lleguen al alma, que son palabras de vida eterna.

Que nosotros no perdamos de vista que estamos invitados al banquete celestial. Cuando Dios nos llame, nadie sabe el día ni la hora, pero saber que ese banquete es el mejor de todos, porque es estar en la presencia del Señor. Que el Espíritu Santo nos siga guiando para que, en medio de las tribulaciones, de las enfermedades, de las dificultades, no perdamos nosotros la alegría, no perdamos el amor a la Eucaristía y al banquete celestial. Así sea.

 

+ José Antonio Fernández Hurtado

Arzobispo de Tlalnepantla