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Homilías

HOMILÍA EN LA 5TA GRAN MISIÓN CATÓLICA 2019

junio 02, 2019

HOMILÍA EN LA 5TA GRAN MISIÓN CATÓLICA 2019
“Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin de los tiempos” dice el Señor

 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús, a todos los saludo con mucho afecto, a los niños, a las niñas, a los adolescentes, jóvenes, a los adultos mayores, a todos los que están aquí hoy celebrando la fe, que siempre debe ir conectada con la vida; también saludo a mis hermanos sacerdotes, al padre David y al Padre Óscar, y a mi hermano obispo Jorge Cuapio.

Dios nos ama tanto que nos ha enviado a su Hijo, el Hijo es el misionero del Padre. Nosotros nos maravillamos al leer y releer los Evangelios, conociendo y descubriendo a ese Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, que se pareció a nosotros en todo menos en el pecado; cómo fue formando a aquellos pescadores, aquellos amigos, y les fue dando a conocer los secretos del Reino. Podemos nosotros ver los milagros, las palabras de Jesús, que daban vida; hoy cumple su misión, su misión en la tierra, hasta las últimas consecuencias de dar la vida por todos nosotros. “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” y Jesús dio la vida por nosotros. Parecía que todo había terminado en una tragedia, la muerte en la Cruz, pero sabemos que el padre lo resucitó al tercer día, y después de la Resurrección, durante 40 días, como hemos escuchado, se apareció a sus apóstoles y les daba ese saludo tan hermoso que es “la paz esté con ustedes”, esa paz que llena el corazón de alegría; no era imaginación; no era un fantasma; era Jesús que había resucitado, pero termina su misión en la tierra y debe irse para estar con el Padre, como decimos en el Credo “subió a los cielos y está sentado a la derecha del padre”. Jesús ascendió a los cielos, como hoy escuchamos en la primera lectura del libro de los Hechos de los apóstoles y en el Evangelio, y los apóstoles presenciaron este acontecimiento. Quiero yo quedarme con esta imagen donde dice cómo los apóstoles estaban llenos de gozo, llenos de alegría, y regresaron a Jerusalén para glorificar a Dios, para hacer oración en el Templo y para salir, para narrar las maravillas del salvador.

A mí siempre me ha gustado una frase que dice que nosotros debemos estar con los pies en la tierra pero la mirada en el cielo; cómo nuestra vida es un caminar y el Señor sube a los cielos y nos prepara una habitación a nosotros. Creo que para el cristiano, para nosotros, es una gran motivación el día de hoy que Jesús asciende a los cielos, porque a veces se nos olvida y perdemos el sentido de la vida y vivimos sin pensar en el cielo, sin recorrer las huellas de Jesús. Los apóstoles estaban contentos porque comprendían que debían continuar la misión de Jesús y para nosotros también es lo mismo, para el cristiano. Los apóstoles no confían solamente en sus fuerzas, en su ánimo, sino que reciben al Espíritu Santo, y llenos del Espíritu Santo van a proclamar lo que hizo Jesús, lo que dijo, y lo que llena el corazón de felicidad y de alegría.

Hoy en nuestra amada Arquidiócesis también tenemos esa experiencia de la 5ta Gran Misión. Hoy están niños, adolescentes, jóvenes, adultos, con su playera, con su morral, para salir también a anunciar que Cristo está vivo, que nos invita a construir su Reino, ese reino de amor, de paz, de justicia, de fraternidad, de solidaridad. La Iglesia siempre debe ser ese signo de esperanza, de un mundo mejor, y qué bueno que se realiza esta experiencia, que ya es el quinto año, porque le va dando más conciencia a nuestra Iglesia de que ha de ser una Iglesia misionera, como nació la Iglesia. “Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio”; dejarnos guiar por el Espíritu Santo, ser instrumentos.

Nos ha tocado participar en estos días en las siete zonas de la Arquidiócesis, formada por varios decanatos y por las 203 parroquias. Y hemos escuchado testimonios de niños y de niñas, de adolescentes, de jóvenes y de adultos, de religiosas, de sacerdotes y de obispo, de lo que significa salir a misionar, salir a llevar el Evangelio. Hoy también nosotros saldremos; regresemos a nuestras casas y a nuestras comunidades contando las maravillas del Señor; vayamos con esa alegría sabiendo que el Señor es el que nos envía, sube a los cielos pero nos deja al Espíritu Santo; se queda aquí con nosotros en el sacramento de la Eucaristía, nos da su Palabra y nos anima a seguir adelante. Hoy es un día muy especial porque todos vibramos al mismo tiempo, las 203 parroquias al mismo tiempo, y debe ser un signo, una luz en nuestra sociedad de que queremos que Él habite en nuestros pueblos, en nuestras ciudades, en nuestras familias, pero no se nos olvide que la misión es permanente.

Hoy como que es algo que le da potencia o le da un impulso a la vida de esta Iglesia, a la renovación que se quiere, que se está llevando, pero todos los días debemos ser misioneros y misioneras. Podemos pensar nosotros en las primeras comunidades de los apóstoles, cómo tenían esa conciencia de que adonde fueran debían llevar a Jesús; también nosotros debemos llevar a Jesús a todas partes, empezando por las casas pero también debemos llevarlo en medio de la política, de la economía, de la cuestión social, el ir transformando la sociedad con los criterios del Evangelio; que regresemos hoy contentos de esta misión porque el Señor nos acompaña, porque su Espíritu nos acompaña para que cada día vayamos siendo esos cristianos comprometidos que nos pide el Señor. Así sea.

 

+ José Antonio Fernández Hurtado

Arzobispo de Tlalnepantla