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Homilías

HOMILÍA EN LA FIESTA TITULAR DE LA PARROQUIA DE CRISTO REY, ARBOLEDAS.

noviembre 25, 2017

 

 

“Yo mismo apacentaré a mis ovejas, yo mismo las haré reposar, dice el Señor, Dios. (Ez 34,15).

 

El texto del profeta Ezequiel proclamado como primera lectura data aproximadamente de quinientos años antes que llegara Jesús. Es una profecía en un momento en que parece que todo ha fracasado. El Templo de Jerusalén destruido, la ciudad devastada, los habitantes exiliados, llevados en cautiverio a Babilonia. Parece que la promesa de ser el Pueblo de Dios ha terminado.

Ante tal desastre, ¿quién puede creer que podrá continuar la promesa de Dios? Entonces se levanta la voz del profeta Ezequiel. Esto dice el Señor Dios: “Yo mismo iré a buscar a mis ovejas, velaré por ellas como un pastor vela por su rebaño cuando las ovejas se encuentran dispersas. Así velaré yo por mis ovejas e iré por ellas a todos los lugares por donde se dispersaron un día de niebla y oscuridad” (Ez 34, 11-13).

Esta profecía se cumple plenamente quinientos años después. Cristo es el Hijo de Dios, el que ha venido en persona a buscar a las ovejas perdidas. Jesús se ha encarnado para rehacer a su pueblo, para proclamar, anunciar el Reino de Dios, que ya está presente en medio de nosotros, que ya ha llegado, ya no es promesa. En su Persona es realidad. El Reino de Dios ya está aquí en medio de nosotros.

Al celebrar hoy, precisamente en esta Unidad Pastoral de Arboledas, en donde hemos integrado tres parroquias, de las cuales una festeja a Cristo Rey, me parece oportuno que, a la luz de la naturaleza del Reino de Dios, descubramos el por qué es una necesidad y un beneficio el constituir estas Unidades Pastorales.

Hay que ir por las ovejas y, ¿qué se necesita? Primero que descubramos la presencia de Cristo y no nos apeguemos a la figura de sus ministros. A veces nos enamoramos de un Sacerdote porque es bueno, porque nos atendió bien, y pensamos que es el único buen pastor, pero gracias a Dios hay más, y otros que se están preparando para ser buenos pastores, y en definitiva, el único Pastor es Cristo, el Señor, nosotros somos sus servidores.

Los ministros tenemos que expresar y manifestar en nuestra vida, que Cristo está presente en nosotros, de la misma manera que está presente en ustedes que están bautizados, son Hijos de Dios, han recibido el Sacramento de la Confirmación, la Unción del Espíritu Santo, son Templo del Espíritu Santo, el único que puede lograr la unidad y la comunión. El Reino de Dios no se realiza de una forma individual, no hay una forma individualista para edificar y visibilizar el Reino de Dios, porque el Reino de Dios consiste en la Comunidad que se expresa como el Pueblo en donde reina Cristo, como lo hemos cantado alegremente, y gritado: ¡Viva Cristo Rey!

La segunda lectura dice con toda claridad “En Cristo todos volverán a la vida” (1 Cor 15,22). El Reino de Dios es vida. A veces simplemente pensamos en la resurrección final, cuando muramos. Pero hoy más que en otros tiempos nos damos cuenta de cuántos muertos en vida van caminando por el mundo, sin sentido. ¿No se han encontrado alguna vez con alguien que ha sufrido depresión? ¿No se han encontrado con alguien que mejor quiere morir? Y de hecho muchos se suicidan, especialmente los adolescentes en este momento, porque no han tenido la experiencia de amor. El Reino de Dios es vida sustentada en el amor. Si no hay experiencia de amor, como la diseñó Dios, la experiencia de papá-mamá, que se aman como esposos y que al tener hijos le dan todo su cariño y su cuidado, entonces no hay cimiento para edificar el Reino. El Reino de Dios es vida, no es muerte.

Me viene a la mente esa experiencia, que quizá todos hemos tenido de niños, ¿no han arrojado una piedra al río, o a un estanque, o a un agua tranquila? ¿Qué ve uno allí? Cae la piedra y empiezan a hacerse círculos de forma expansiva hasta llegar a la orilla. El Reino de Dios así es: donde detona la vida se expande. Se va en esos círculos creciendo hacia la orilla, como dice el Papa Francisco, hacia las periferias.

¿Ven, por qué el Reino de Dios tiene que ser expansivo? No se puede quedar en los límites, de lo que piensa una persona, que es el Párroco, sino tiene que ampliarse a más Párrocos. Tiene que generarse en los fieles igualmente esa mentalidad. No se puede quedar nuestro equipito de liturgia parroquial, sino, colaborar en la Unidad Pastoral para encontrarnos como hermanos, fraternizar y crecer juntos.

Por eso necesitamos ir constituyendo estas Unidades Pastorales, porque nuestros fieles, como ustedes lo habrán ya experimentado, estamos acostumbrados a que nos digan “de esta calle para acá es la Parroquia y de esta calle para allá es la otra Parroquia. Yo pertenezco a ésta. En la Unidad Pastoral levantamos esos límites territoriales, de forma jurídica también, porque ahora los Padres que les sirven aquí son Párrocos de las tres ¿sí sabían verdad? Pero no sólo ellos, también ustedes son fieles de las tres Parroquias, y a cualquiera de las tres que acudan pueden hacer los trámites y servicios que necesiten de la Iglesia. ¿Qué significa esto? Hacer esas ondas expansivas de ir más allá de nuestros límites para llegar a las periferias, a las orillas, para entender que yo soy miembro de la Iglesia, que va más allá de los límites de una Parroquia. Así nos encontraremos con otros fieles para coordinarnos y servirnos mejor. Éste es el objetivo de las Unidades Pastorales.

Estamos promoviendo dos grandes procesos en la Arquidiócesis. El proceso misionero y el proceso de la línea de la vida. Pero ambos necesitan realizarse en conjunto, porque solos no podemos. Una parroquia difícilmente puede coordinar pastoral infantil, pastoral de adolescentes, pastoral de jóvenes, pastoral familiar, pastoral de adultos mayores y acompañarlos. Todos tenemos veinticuatro horas, ¡no hay más! Necesitamos ayudarnos y coordinarnos en territorios más amplios y con más recursos humanos y económicos para ser más eficientes.

¿Saben de cuándo proceden las estructuras de Parroquia? No tienen idea… desde la edad media. Cuando las poblaciones eran pequeñas, en el campo, y la gente no se movía de un lugar a otro, y no existían estas grandes metrópolis; y entonces cada población era una sola Parroquia. El Concilio Vaticano II, que en muchas cosas todavía no se ha aplicado — ésta es una de ellas que apenas empezamos a aplicar, y que ya está establecida en el Derecho Canónico—, presenta la forma para ir transformando aquellas estructuras que sirvieron en la Iglesia cuando éramos parroquias rurales, cuando había identidad eclesial y en sentido de pertenencia.

Ahora ¿qué hace nuestra mayoría de los fieles católicos? Van a la Iglesia donde les guste oír a tal Padre, donde les guste más para la ceremonia de quince años, de matrimonio, estamos como un supermercado de servicios religiosos. No hay sentido de identidad, ni de pertenencia y lo tenemos que recuperar. Hay un sentido de identidad social cuando a ustedes les preguntan: ¿Ustedes dónde viven? Y responden, en Arboledas. Entonces la Unidad Pastoral debe establecerse en una comunidad con identidad social para facilitar la identidad eclesial y el sentido de pertenencia.

¿Ven? De esa forma podemos aumentar, intensificar, porque los tiempos son difíciles los actuales, particularmente para la transmisión de la fe a las nuevas generaciones. Si no damos testimonio de comunidad, de pertenencia, de alegría y gusto por ser Iglesia y una Iglesia abierta, no cerrada en un pequeño círculo, seremos incapaces de atraer a las nuevas generaciones.

El Reino de Dios es vida, y por eso Jesús presenta en el Evangelio algunas de esas situaciones mas difíciles y duras en donde tenemos que darnos la mano para descubrir la presencia de Cristo entre nosotros: presos, enfermos, indigentes… ¡tenemos que ayudarnos! Eso es el Reino de Dios. ¡Ya está en nosotros, ya está Cristo en medio de nosotros! Ahora simplemente tenemos que abrir nuestros brazos y entrar en una experiencia comunitaria de Iglesia, no aislarnos, no vivir la espiritualidad de forma individualista, sino como lo estamos haciendo hoy, y como lo pide la Liturgia, escuchando todos la misma Palabra de Dios, y a la luz de esa Palabra replantearnos nuestras actitudes y nuestra conducta.

Que el Señor Jesús nos ayude, y les ayude a ustedes, porque tienen un buen equipo. Aquí tienen cinco sacerdotes, cuatro en la Unidad, y uno que está auxiliando en la Unidad con mucho gusto ¿Verdad Padre Juan Manuel? Entonces aprovéchenlos, y ayúdenlos para que esta experiencia nos ayude a irlas extendiendo a lo largo de toda esta mancha urbana, que forma la Arquidiócesis de Tlalnepantla.

Que así sea.

 

 

+Carlos Cardenal Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla