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Homilías

HOMILÍA EN LA MISA DE CLAUSURA DE LA SEMANA DE FORMACIÓN PERMANENTE

octubre 25, 2019

“Vayamos poniendo en práctica la espiritualidad de la comunión”


Muy queridos sacerdotes, queridos hermanos obispos auxiliares, queridos seminaristas,  siempre la Palabra de Dios es actual y está llamada a iluminar nuestra vida.

Acabamos de escuchar el Evangelio, cómo Jesús hablando a la multitud les dice que son buenos para reconocer los signos de la tierra y el cielo, pero no son buenos para descifrar los signos de los tiempos. Por eso utiliza una palabra muy fuerte, «hipócritas», porque dice que si ven que se para por ahí una nube, dicen: «va a llover» y, en efecto, llueve. O también si un viento viene del sur, «pues va a hacer calor», y así es. Pero ellos no habían entendido la presencia de del Reino. Por eso el mensaje de Juan el Bautista siempre es actual: «conviértanse», porque el Reino de Dios está aquí presente. Jesús cuántas veces hablaba, cuántas veces hizo milagros, dio signos, pasaba haciendo el bien por todas partes, y todavía ellos no entendían que el Reino de Dios ya estaba presente. También puede suceder actualmente, cómo nosotros interpretamos lo que va a pasar, y a veces hay indicadores sociológicos, económicos, políticos, no se diga también meteorológicos, que nos avisan qué va a pasar desde quince días antes, si va a llover o va a hacer frío.

¿Qué tal estamos nosotros descubriendo los signos de los tiempos? Sabemos que fue un tema que se trató en el Concilio Vaticano II en la Gaudium et spes, el mundo en la Iglesia actual, el diálogo con el mundo. Es ir descubriendo la presencia de Jesús, y a veces estamos tan distraídos que no descubrimos la presencia de Dios en nuestra vida.

Fue muy interesante la semana, ¿no les pareció? Hubo muchas cosas que ya sabíamos, pero que nos actualizan, y ver cómo estamos llamados a ser esos pastores, como nos está invitando Cristo y nos invita el Papa Francisco. Qué interesante haber visto todo ese recorrido del Vaticano II y todo lo que antecedió al Vaticano II, toda esa teología que también fue cambiando todo el Vaticano II, pero que realmente los frutos han ido poco a poco. Qué interesante también ayer la conferencia del CELAM, de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano, para ir viendo todo ese recorrido hasta llegar al Papa Francisco.

Los artículos ahí los tenemos y los podemos releer, pero ¿con qué nos quedamos esta semana, queridos padres? A mí por lo menos estos ejercicios que hacíamos hace ratito, igual en la noche yo pensaba en esos 5 puntos o indicadores que tenemos nosotros que estar revisando para ver si somos buenos pastores, una continua revisión.

Primero está la alegría. ¿Qué tan alegres somos como sacerdotes? Qué emocionados estábamos el día de nuestra ordenación, ¿y ahora cómo estamos? ¿Anunciamos con alegría el Evangelio? A veces platico una anécdota, que llegaron unos jóvenes con un párroco y entonces le dijeron: «Oiga, vamos a rezar por usted para que tenga el Espíritu Santo», y el párroco se enojó y les dijo: «Ese ya lo tengo», a lo que los muchachos le contestan: «Pues entonces vamos a rezar para que se le note». Es decir, a veces no se nos nota la alegría de anunciar el Evangelio. Entonces es no perder esa alegría, y si la estamos perdiendo preguntarnos qué está pasando, porque también se contagia. Si nosotros estamos con entusiasmo en nuestra parroquia, en el seminario, en donde nos encontremos, es algo que también va a tener repercusión importante.

La segunda cosa que nos toca es estar en salida misionera. Yo pensaba aquí en el principio de encarnación, cómo Cristo se encarna, el enviado del Padre se encarna y sale, y vive a anunciar el Reino, y es la pasión de la vida de Jesús: anunciar el Reino de Dios, siempre está Él en salida. A mi me llamaba la atención desde que llegué me tocó ya vivir la 5ta Gran Misión, que tiene elementos muy positivos pero que también podemos quedarnos con algo así de es el tiempo de ir de misión a tocar las puertas y no que sea como una cultura el salir, salir para llevar a Jesús a los demás, o sea, todos los días. Yo pienso que debemos estar en salida, y por eso nuestras actitudes, nuestra manera de relacionarnos no es neutra sino que también tiene un efecto. Entonces, preguntarnos también todos los días si estamos en salida misionera o estamos nosotros hacia adentro. Cuántas veces hemos escuchado esa frase que ya a veces se va haciendo una costumbre, de que se nos pide pasar de una pastoral de conservación a una pastoral en salida, se nos pide salir a todos.

La tercera es caminar con el pueblo. ¿Qué tanto caminamos con el pueblo? Estamos muchos en las angustias, en, como dice Gaudium et spes, las esperanzas, los gozos, ¿participamos con nuestro pueblo? O a veces estamos metidos acá, fuera de todo lo que va pasando en nuestro mundo. Ha sido un tiempo muy interesante en estos meses, de ir conociendo las siete zonas con todos sus contrastes, contrastes de personas, de desigualdades, de polarizaciones también, pero estamos invitados a que la gente sienta que no somos de otro mundo. Comentaba yo que a veces, cuando ordeno a algún sacerdote, les digo que «el sacerdote sale del pueblo y es para el pueblo». A veces salimos del pueblo pero nos quedamos aparte, necesitamos nosotros también participar con los demás.

El cuarto elemento que tenemos que pensar: ¿qué tanto como pastores estamos cercanos a los necesitados? ¿o estamos muy alejados?  Yo les comparto con mucha sencillez una experiencia que tuve cuando estaba en Durango. Iba yo a visitar un lugar, un centro, que se llama Tambitos, es un centro para menesterosos, para gente desahuciada, incluso no los recogen fácilmente en la calle; no es de sacerdotes ni de religiosas sino son personas que atienden este lugar. Entonces yo iba con cierta frecuencia a visitarlos, de tal manera que cuando iba me decían «Apá», no me decían «papá», me decían «apá»; a veces iba a confesarlos, a veces iba a cenar, a compartir con ellos, y ellos iban descubriendo, por todo lo que iba habiendo ahí, el amor de Dios. Me daba mucha alegría verlos después en la Catedral, en la misa que yo celebraba, a las 12 del día, veía ahí a esa gente de ese lugar. Bueno, pues son experiencias que se dan cuando nosotros vamos a evangelizar, salimos, evangelizamos; cuando vamos con los más pobres, con los más necesitados, también ellos nos enseñan lo que es el Evangelio.

Finalmente el otro punto: ¿qué tan misericordiosos somos? A veces somos muy duros para juzgar a los demás, con nosotros no tanto, pero con los demás somos muy duros. ¿Qué tan samaritanos somos? Alguien en el grupito que estaba ayer decía: «Ser misericordiosos es saber escuchar», saber escuchar a los demás. Fíjense que estuvo muy interesante, pero si nos quedamos con esos cinco puntos y los revisamos porque queremos ser buenos pastores, pastores «con olor a oveja», pastores cercanos a nuestro Dios.

Que también nosotros vayamos poniendo en práctica la espiritualidad de la comunión, que no sea solamente un slogan. Es decir, ¿cuántas veces no he escuchado yo aquí en Tlalnepantla decir: «tenemos un buen presbiterio»? Lo he escuchado varias veces, somos buenas personas, a veces, como en toda familia, pero hay buenos sacerdotes. Entonces, ¿por qué no propiciar es fraternidad, esa reconciliación que muchas veces necesitamos, y que somos duros para juzgar y necesitamos parecernos a Cristo misericordioso?

El día de mi cumpleaños de sacerdote, mi aniversario, hablé con el que fue mi obispo, que ahora es el obispo más grande de México, tiene 98 años, Mons. Jesús Sahagún de la Parra, que también es de ahí de Cotija, como el santo que celebramos ayer y que también es un ejemplo de salida, de misionero, de alguien en salida, vean la vida de Guízar y Valencia y van a encontrar ahí algo muy interesante, como un modelo para nuestra vida pastoral.  Entonces Don Jesús Sahagún, que fue el que me recibió pequeño en el seminario, el que me ordenó y también el que me mandó a estudiar, es alguien lúcido, me dijo: «¿Cómo te va en Tlalnepantla?», a los que le contesto: «Me va bien», y me dijo: «Siempre cerca de los sacerdotes», fuerte su consejo, siempre cerca de los sacerdotes, «que sean una prioridad». Entonces lo que yo quiero decirles es: Ayúdenme a que esté yo también cerca y si me escapo jalarme también de las orejas, es decir, formar esta familia donde todos queremos ser esos pastores a imagen de Jesucristo.

Algo importante que también nos decía el padre Héctor, cómo los textos del Concilio Vaticano II, que tenían tantas discusiones y que a veces estaba una cosa y luego otra, la presencia del Espíritu Santo, la presencia del Espíritu Santo en nuestra Iglesia diocesana. Pues que el Espíritu Santo nos acompañe y la Virgen de los Remedios en su Año Jubilar, en estos 500 años de su presencia, nos bendiga a cada uno de nosotros y a nuestra Iglesia. Así sea.

 

 

+ José Antonio Fernández Hurtado

Arzobispo de Tlalnepantla