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Homilías

HOMILÍA EN LA PEREGRINACIÓN ARQUIDIOCESANA A LA BASÍLICA DE NUESTRA SEÑORA DE LOS REMEDIOS

octubre 03, 2020

“El Señor le dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre.»" Jn 19, 26-27

 

Antes que nada, quiero saludar a todos ustedes, a cada uno de los que han venido a esta casa de Nuestra Madre, la Virgen de los Remedios, en este Santuario, y quiero saludar también de manera especial a los laicos y laicas, si hay también alguna hermana religiosa, a mis hermanos Sacerdotes y a mis queridos hermanos Obispos. Por las circunstancias, hay poca gente en este lugar, pero seguramente que muchos están, desde sus parroquias, desde sus hogares, siguiendo esta celebración en esta Peregrinación Arquidiocesana.

Quiero invitarlos para que entreguemos nosotros nuestra vida, nuestras acciones, a nuestra Madre Santísima la Virgen de los Remedios. Cuando vamos a la Basílica de Guadalupe, a la Villa, y cuando venimos aquí, sin duda que queremos platicar con Nuestra Madre y comunicarle lo que traemos en el corazón, esos sufrimientos por la pérdida de nuestros seres queridos, lo que nuestro país está viviendo, situaciones complicadas en todos los aspectos, económico, político, social, y venimos nosotros para fortalecernos, para sentir el abrazo de nuestra Madre, que quiere que sigamos caminando en nuestra vida, pero caminando con alegría y con esperanza, siguiendo siempre los pasos de su Hijo Jesucristo. Así es que quiero invitarles, a ustedes que están aquí y a los que nos ven a través de las redes sociales, que sintamos la presencia de Nuestra Madre Santísima.

El Evangelio que acabamos de escuchar, el capítulo 19, solamente dos versículos; quiero también invitarlos a que nos hagamos en nuestra mente esa imagen de lo que sucedió, una escena dramática, pero hermosa; dramática porque está Jesús crucificado y está a su lado precisamente la Virgen María y el discípulo amado Juan. Jesús ahí dijo sus últimas, pero hay una cosa muy importante, que ahí nos la deja a nosotros como Madre, le dice: «Mujer, ahí tienes a tu Hijo», y a Juan le dice: «ahí tienes a tu Madre», y ellos representan a todos los discípulos. Todavía en esos momentos Jesús está preocupado, toda su vida fue una donación total, y está preocupado por lo que va a pasar con María, por lo que va a pasar con Juan, y por eso les dice que estén juntos, que son discípulos. Seguramente ellos dos, principalmente María, van a animar a los discípulos a continuar el proyecto de Jesús. Es una escena dramática porque ya las últimas palabras que dice Jesús son: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu», lo ha dado todo y ahora entrega su espíritu; y es una escena hermosa porque ha cumplido la voluntad del Padre en totalidad, hasta las últimas consecuencias de dar la vida. «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos», Él, el siervo sufriente, tenía el rostro desfigurado, ya no tenía forma humana, había donado todo, y le entrega su espíritu al Padre, pero también anima a María a seguir adelante y a Juan a continuar con lo que habían caminado juntos durante tres años.

Vemos cómo en la primera lectura que escuchamos, del libro de los Hechos de los Apóstoles, se nombra a los once apóstoles, todavía no eligen a Matías, y hay un dato muy interesante que dice que los discípulos estaban en oración, subraya la oración, y allí estaba María. María, siempre una madre, es alguien que tiene mucha fortaleza, a pesar de haber visto a su Hijo crucificado, ella sigue adelante y anima, anima a los discípulos a continuar, y están en oración hasta que llega el Espíritu Santo, llega el Espíritu Santo y cambia la vida de los discípulos y se convierten en misioneros. También hay el dato que, en ese tiempo que era tan complicada la presencia de la mujer en las comunidades, había mujeres, encabezando María, y María Magdalena también, se convierten en misioneras.

Qué hermoso que en este día de Peregrinación Arquidiocesana, donde Nuestra Madre la Virgen de los Remedios es la Patrona de la Arquidiócesis, del clero, de nuestro seminario, citamos también esa invitación para ser esos discípulos misioneros de Jesucristo, para continuar los procesos pastorales en las parroquias. La pandemia nos ha traído retos, pero la vida continua, la vida de las parroquias, la formación como discípulos misioneros.

Qué bello es hoy entender que cuando Cristo estaba en la cruz con su Madre (qué dolor más grande para una madre que ver a su hijo morir, y crucificado) los anima a seguir, porque Jesús viene a ayudarnos a que nosotros comprendamos, tengamos la experiencia de un Padre misericordioso, de un Padre que nos invita a amar, un Padre que nos invita a formar familia, y Cristo era lo que más iba predicando en todos los lugares donde pasaba, que somos hermanos, que somos familia.

La pregunta es: ¿Qué tanto estamos nosotros colaborando en esta creación de familia en nuestra Arquidiócesis? Todos, absolutamente todos somos importantes, y todos podemos poner lo mejor de nosotros mismos para ir creando esa familia fraterna, acogedora, familia que es solidaria, que trata de pensar, o que piensa, en las necesidades de los demás, una Iglesia en comunión, una Iglesia que quiere ser luz para el mundo.

Hoy, queridos hermanos y hermanas, al venir a este lugar, regresemos fortalecidos, porque María nos ama, nos escucha y nos invita a seguir adelante, y el Espíritu Santo sigue suscitando esos dones para fortalecernos e ir construyendo su Reino. Hoy los invito a que pidamos especialmente por aquellos más necesitados, por los enfermos, por los que sufren, por los encarcelados, por los que no le encuentran sentido a la vida, por aquellos olvidados. Que la Virgen de los Remedios nos bendiga y caminemos con el Espíritu Santo. Amén.

 

+ José Antonio Fernández Hurtado

Arzobispo de Tlalnepantla