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Homilías

HOMILÍA EN LA PEREGRINACIÓN DIOCESANA A LA BASÍLICA DE NTRA. SRA. DE LOS REMEDIOS

octubre 05, 2019

Homilía en la Peregrinación Diocesana a la Basílica de Ntra. Sra. de los Remedios

¡Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios mi Salvador!

Muy queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús, hoy es un día grande, muy especial para nuestra Iglesia de Tlalnepantla porque hoy celebramos esta peregrinación diocesana y están personas de las siete zonas pastorales, está un número grande de sacerdotes, mis hermanos Obispos auxiliares y realmente es un día para darle gracias a Dios, para contar sus maravillas, porque hoy, al celebrar a nuestra Madre, la Madre de Dios y Madre nuestra, queremos también pedirle que nos llene de su amor y de sus bendiciones, que bendiga a todas las familias, a nuestras 203 parroquias y que realmente esta fiesta deje en nuestro corazón frutos de paz y amor porque siempre nuestra Madre Santísima quiere lo mejor para nosotros, quiere que vivamos como hermanos. 

Contamos hoy las maravillas del Señor porque Él la eligió, halló gracia sus ojos y ella dio un sí sostenido a la invitación que le dio el Arcángel Gabriel y ella dijo, después de disipar las dudas, “¡hágase en mí, según tu palabra, yo soy la esclava del Señor!”, puso toda su persona, abrió su corazón al Señor, a ese misterio tan grande que iba a ser la madre del Salvador y por eso hoy, al celebrar a nuestra Madre Santísima en su advocación de los Remedios, sentimos esa caricia en nuestras vidas, vemos cómo María recibió con amor al hijo de Dios y cómo lo acompañó siempre, cómo lo fue educando junto con el señor San José, en esa familia de Nazaret, que también es un modelo para todas las familias, un modelo de fe, un modelo de esperanza y de amor.

Vemos cómo María fue acompañando a Jesús, lo fue educando en el amor a Dios al prójimo, vemos cómo también estuvo al pie de la cruz; que dolor más grande para una madre que ver sufrir a su hijo y verlo morir en la cruz, sin embargo, después de la Resurrección del Señor y, después de estar también con los Apóstoles animándolos, vemos cómo tiene una importancia muy grande en él inicio de la Iglesia, después de que el Espíritu Santo, María invita o anima aquellos amigos de Jesús, aquellos sus Apóstoles, a predicar el Evangelio por todas partes.

Esa es María, que siempre ha estado presente en la historia de la Iglesia, siempre ha estado presente en esta historia de Salvación y también ella ha estado aquí presente en nuestras tierras y en esta imagen de Nuestra Señora de Los Remedios. Estamos en el año jubilar de los 500 años que quiere dejarnos a nosotros ese ánimo para ser esos seguidores de Jesucristo Nuestro Señor.

Cuando hablamos nosotros de una peregrinación, hablamos de salir, así como ella fue a visitar a su prima Santa Isabel, hoy también nosotros hemos salido de nuestras casas, algunos han venido caminando varias horas, pero hemos llegado todos con la finalidad de saludar a nuestra Madre, de presentarles nuestra vida, la vida de nuestro pueblo, con sus alegrías y sus tristezas y sabedores de que ella nos va a bendecir, que ella nos va a animar para seguir adelante en nuestras vidas.

¿Cuántas cosas traemos en nuestro corazón este día?.La Virgen es la patrona de la Arquidiócesis, es la patrona de nuestro Seminario, donde se van formando los futuros sacerdotes con ese amor a nuestra Madre Santísima y ciertamente hoy estamos teniendo esta experiencia en la que quiero invitarlos a que regresemos a nuestras casas con algunos retos, sobre todo, quiero invitarlos a que participen más en la vida de su parroquia; muchas veces podemos participar en un a fiesta patronal, en una fiesta de la Diócesis, como ésta, pero después nos alejamos, por eso yo quiero invitarlos ahora para que acudan más a su parroquia, para que vayan teniendo un encuentro cotidiano cono el Señor, no se nos olvide que la Virgen siempre nos invita a seguir a su Hijo Jesucristo que es el centro de nuestra fe, que es el Camino, la Verdad y la Vida.

Vayamos a nuestras parroquias y participemos en los grupos, en los movimientos, en las asociaciones, para que seamos agentes de pastoral, porque es importante que nosotros sigamos teniendo un encuentro con Jesucristo vivo, por eso ojalá que esto lo tomen muy en cuenta, participen más de la vida parroquial para tener un encuentro con el Señor, para seguir formándose y ser los misioneros que necesitamos en nuestro tiempo actual.

A mí me da mucho gusto hoy tener muchos niños, adolescentes y jóvenes, que es otra de las tareas que quiero dejarles, además de que participen en su parroquia, que estemos preocupados, los adultos, por transmitir, a las nuevas generaciones, la fe. El mejor regalo que puede dar un adulto a un niño o un adolescente, es transmitirle el amor a Dios, transmitirle la fe.

Estamos viviendo un cambio de época y vemos tantos adolescentes, niños y jóvenes que están fuera de la Iglesia, es decir que no participan en las actividades de las parroquias, pero tal vez nosotros tenemos la culpa porque tenemos que ir haciendo una Iglesia mas atractiva, una Iglesia de testimonio, una Iglesia alegre, una Iglesia que quiere transformas la cultura, la vida, teniendo siempre presente el mensaje del Señor.

Regresemos a nuestras casa contentos porque cada uno de nosotros hoy platicamos con nuestra madre santísima, cada uno de nosotros, estoy seguro, que le decimos algunas cosas que tenemos en nuestro corazón, pero también tenemos que irnos reconfortados a seguir luchando, a seguir el mensaje del Señor para seguir construyendo familias donde esté presente Él.

Una mamá siempre quiere que sus hijos vivan unidos, una mamá sufre cuando ve que sus hijos están confrontados o divididos, pues que hoy cada uno sepamos que somos importantes para ir creando la fraternidad en todas partes.

Que la Virgen de los Remedios bendiga a nuestro pueblo, que bendiga a nuestra Arquidiócesis, que bendiga a nuestro Seminario. Así sea.

 

+ José Antonio Fernández Hurtado

Arzobispo de Tlalnepantla