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Homilías

HOMILÍA EN LA SOLEMNIDAD DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE EN LA CATEDRAL DE CORPUS CHRISTI, TLALNEPANTLA.

diciembre 12, 2017

 

“El Señor mismo les dará por eso una señal” (Is 7, 14).

 

En la primera lectura hemos escuchado un anuncio del Profeta Isaías al Rey Ajaz. El Rey estaba preocupado por las guerras que tenía que afrontar para defender a la población de Judá, y el Profeta le ofrece la posibilidad de que le pida una señal a Dios para garantizar que va a poder vencer al enemigo, que podría ganar la guerra. El rey dice “no quiero tentar a Dios” (Is 7,12), y el Profeta le ofrece una señal, aunque la respuesta era buena en sí misma, no hay que tentar a Dios, no hay que pedirle cosas previas para garantizar lo que va a suceder.

Tenemos que estar abiertos siempre a lo que en la vida vamos a tener que ir afrontando con la garantía de que Dios está con nosotros, de que Él nos acompaña, pero no con signos previos de que en todo nos va a ir bien. Por tanto, el Rey contestó bien. Sin embargo el Profeta Isaías le dice “No satisfechos con cansar a los hombres ¿quieren cansar también a mi Dios? El Señor mismo les dará por eso una señal” (Is 7, 13-14).

La señal que ofrece el Profeta es: “una virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel que quiere decir Dios con nosotros” (Is 7,14). Las tres lecturas que acabamos de escuchar hablan precisamente de una madre e hijo. En esta primera lectura una virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, Dios con nosotros (Is 7,14). En la segunda lectura dice San Pablo: “Al llegar la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo nacido de una mujer” (Ga 4,4). Y en Evangelio escuchamos como María habiendo recibido el anuncio de que va a ser madre, de que tendrá un hijo, visita a su prima Isabel, que también está gestando un hijo (Lc 1,39-48).

¿Qué significa este acontecimiento de una madre que da a luz un hijo? Creo que todos estaremos de acuerdo que significa el nacimiento de una vida, una vida nueva. Una madre que tiene un hijo, manifiesta que ha nacido una vida nueva. ¿Qué le quiso decir el Profeta al rey Ajaz? Que la guerra no es el camino, que el conflicto y la lucha por las armas no es lo que Dios desea de su pueblo, sino proteger la vida, pensar en este gran don de Dios. Cualquier vida lleva esta garantía, por eso es el nombre de Emmanuel, Dios con nosotros. Todo ser humano, como dice San Pablo en la segunda lectura, es Hijo de Dios: “Ya son ustedes hijos, Dios envió a sus corazones el espíritu de su hijo que clama “Abbá", es decir  “Padre”. Ya no eres siervo, eres hijo” (Ga 4, 4-7).

En la vida de cada uno de nosotros, se hace presente Dios por medio de su Espíritu, y en el Evangelio, María también acepta la propuesta del anuncio del Ángel, cuando sabe que va a ser obra del Espíritu Santo. María en la Anunciación aceptó y recibió el Espíritu Santo y eso mismo vemos en esta escena del Evangelio en donde al visitar, llevando ya en el seno a Jesús, a su prima Isabel, dice: “Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo” (Lc 1,41), y “Juan Bautista saltó en su seno” (Lc 1, 41), se conmovió en su seno.

La vida es el gran regalo de Dios, es la presencia de Dios entre los hombres. Que haya vida es la presencia de Dios. Es el camino por el cual Dios se hace presente en la humanidad, generando vida. Esta es la gran responsabilidad de los Padres de familia, cuidar la vida en el nombre de Dios. Cuidarla con amor, con ese amor que tiene una madre. Pero también la vida como pueblo. No es solamente la vida en la familia, que es la célula vital de una sociedad, sino la vida como pueblo.

Y es aquí en donde podemos relacionar la aparición de María de Guadalupe. Cuando más lo necesitaba nuestro pueblo, deprimido, en un abandono total al ver destruida su civilización con la llegada de la conquista española. María viene, acepta y toma el color de su pueblo, para decirles “¿No estoy yo aquí que soy tu madre?”  Quiere ser, como lo ha sido a lo largo de estos casi cinco siglos, la madre de este pueblo que nació del mestizaje, único en la humanidad, la mezcla de dos culturas, el nacimiento de una nueva raza.

México es la expresión de lo que Dios quiere para todo el resto de la Humanidad. Constantemente vemos conflictos étnicos en todas partes durante todos los siglos. Pleitos por ser de otra raza. Nuestro país es una expresión de su mestizaje, de una conjugación de dos razas; eso es lo que desea Dios: vida entre todos los seres humanos, y superar las barreras étnicas que tanto daño han hecho en la Humanidad.

Contemplemos a María de Guadalupe, nos quiere porque es nuestra madre, nos quiere porque es la presencia, la figura femenina en la que el amor de Dios Padre se hace manifiesto y cercano, tierno, porque así lo son las madres con sus hijos, y así es ella con nosotros.

Pidámosle a la Virgen María de Guadalupe que nos ayude a generar esta conciencia, a transmitir nuestra experiencia de amor a ella para que a través de este amor podamos conseguir, como lo decíamos en la oración, que México camine en la justicia y en la paz. Que superemos estas polarizaciones y confrontaciones, y lleguemos a reconocernos como hermanos de una misma madre.

 Que así sea.

 

 

+Carlos Carnal Aguiar Retes

Electo Arzobispo Primado de México.