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Homilías

HOMILÍA EN LA VISITA PASTORAL A LA ZONA VI

mayo 22, 2019

Homilía en la Visita pastoral a la Zona VI

 

Hoy hemos vivido una tarde muy provechosa donde he experimentamos la presencia del Espíritu Santo y donde los testimonios, las inquietudes, las experiencias, nos han enriquecido y nos han llenado el corazón de alegría. Sin duda que la Iglesia por naturaleza es una Iglesia Misionera y podemos ver la historia de estos 21 siglos de nuestra Iglesia, cómo ha habido tantas personas, laicos, sacerdotes, religiosas y obispos que han encontrado, o hemos encontrado, al Señor y que cambia la perspectiva de la vida, y que cuando hemos encontrado lo mejor queremos compartirlo compartir nuestra experiencia, eso es lo que hemos escuchado de los testimonios. Queremos que nuestra Iglesia de Tlalnepantla cada día sea una Iglesia más misionera, donde vaya habiendo más personas que encuentran a ese Jesús, a Jesús de Nazaret, y que después lo compartan con los demás.

Yo soñaba con esta acción que se tiene ya desde hace años en esta Iglesia, lo que platicaba el padre Carlos, que cómo también empezó con un sueño, se quiso tener un día en el que a la misma hora se llevara el mensaje de Jesús, y cuando yo supe de esta iglesia con esta experiencia me sentí muy contento. Sin duda que vamos a salir con ese deseo de anunciar a Jesús, de ser esos instrumentos del Señor; donde queremos ser buenos instrumentos; tocar puertas pero sobre todo tocar corazones; donde estar súper convencido de que el Espíritu Santo es el que actúa y nosotros somos los instrumentos. Hoy en el Evangelio encontramos la clave donde dice Jesús: “Yo soy la vid y ustedes los sarmientos”, ustedes son las ramas, los sarmientos, no se puede dar fruto si no está uno unido a la vid, ahí está el secreto.

Me ha gustado mucho, en los testimonios que hemos escuchado, la oración como un elemento constitutivo de la misión. Jesús antes de salir a las comunidades pasaba noches enteras haciendo oración; como también nosotros debemos orar para que el Señor, el Espíritu Santo, toque el corazón de muchas personas. En los tiempos de Jesús habían sus problemas y hoy encontramos cómo también, sobre todo los fariseos y los escribas, querían que los que se iban convirtiendo, los paganos, también se circuncidaran, que era algo inherente a la ley de los judíos. Pero me parece algo muy hermoso, cómo también había el discernimiento y cómo algún problema que tenían que dialogar o tenían que discutir, discernir, y después llegaban a las conclusiones, no había que poner cargas muy pesadas. También yo creo que en el camino de la misión, de esta Iglesia Misionera, también va habiendo problemas, va habiendo dificultades, va habiendo retos, y qué hermoso es cuando en una parroquia, en un decanato, en una zona, los sacerdotes con sus agentes de Pastoral dialogamos para encontrar soluciones que se vaya dando esta nueva evangelización. En los tiempos de Jesús, en los tiempos de las pequeñas comunidades, había su problemática, ahora encontramos aquí el relativismo, el secularismo, el hedonismo, el materialismo, todos esos grandes problemas que encontramos, los contrastes tan fuertes en esta zona, y también hay que dialogar como familia cristiana para ver qué podemos hacer, porque el objetivo está muy claro, la misión está muy clara: ir a evangelizar, llevar a Jesús a los demás.

Por eso estos encuentros nos animan, y nos animan a escuchar desde los pequeños, desde los niños, los adolescentes, los jóvenes, hasta las personas mayores de que tenemos ese deseo de llevar a Jesús. Yo se los digo con mucha sinceridad, en estos dos meses que llevo encuentro una Iglesia de Tlalnepantla con muchos valores, con un camino; que sí hay que afinar cosas, que hay que impulsar, que hay que calibrar, pero también nos debe alegrar el corazón tener una iglesia en movimiento, una iglesia viva, una Iglesia que la vamos palpando y que estamos llamados a ser fermento en la paz.

Hay dos maneras de evangelizar, una es la palabra y la otra es el testimonio, las dos cosas son importantes. Si son puras palabras y no hay testimonio, son puras palabras vacías; si hay mucho testimonio pero no hay palabra, pues no se sabe qué es lo que motiva. Las dos cosas se necesitan en la evangelización: palabra y testimonio. Cuando la gente, los católicos, nos ven unidos yo creo que es algo muy grande, ver la unidad, pero además que se proclame a un Cristo vivo, creo que vamos a tocar en esta 5ta Gran Misión muchos corazones para gloria de Dios. Así sea.

 

+ José Antonio Fernández Hurtado

Arzobispo de Tlalnepantla