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Homilías

HOMILÍA EN LAS ORDENACIONES PRESBITERALES 2020

septiembre 29, 2020

Ordenaciones sacerdotales en la Catedral de Corpus Christi en la Arquidiócesis de Tlalnepantla

 

«No me eligieron ustedes a mí, sino que yo los elegí a ustedes y los destiné para que vayan y den fruto» Jn 15, 16.

 

Muy queridos hermanos y amigos diáconos Sergio y Pablo: Hoy, por la gracia de Dios, recibirán el Sacramento de la Ordenación Presbiteral en nuestra Catedral Corpus Christi; les Invito a pensar en estos momentos en nuestra Madre Santisima en su advocación de Nuestra Señora de los Remedios, Patrona de nuestra Arquidiócesis, que el día de la Anunciación supo dar el “Fiat", «Hágase en mí según tu palabra», a la invitación de Dios Padre para ser la Madre del Salvador, que hoy ustedes le den el "Sí" con amor, para ser sacerdotes. María siempre estará cerca de ustedes para cobijarlos, consolarlos, alentarlos, acompañarlos y animarlos a que sigan siempre las huellas de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote.

Saludo a mis hermanos obispos auxiliares, Efraín Mendoza Cruz y Jorge Cuapio Bautista, a mis queridos hermanos sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, seminaristas y en especial a los familiares de los ordenandos; y saludo a todas las personas que nos acompañan a través de las plataformas digitales, desde sus hogares y lugares en donde participan, háganlo con su oración pidiendo particularmente por Pablo y Sergio, que desde el día hoy serán sacerdotes para siempre.

Hoy celebramos en la Iglesia la fiesta de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, esta fiesta nos invita a dar gracias a Dios por la cercania que nos muestra a través de estos seres espirituales, que tuvieron misiones especiales; ellos siempre alaban a Dios y nos acompañan y nos protegen del mal.

Escuchamos en el Evangelio de San Juan: «No me eligieron ustedes a mí, sino que yo los elegí a ustedes y los destiné para que vayan y den fruto, y un fruto que permanezca» (Jn 15, 16). Jesús elige a sus amigos y cooperadores y los destina a dar fruto, propio de dicha amistad. A ustedes, Sergio y Pablo, los ha llamado, los ha mirado a los ojos y al corazón y les ha dicho que los hará pescadores de hombres. Sin duda, toda vocación sacerdotal es única e irrepetible, y sabemos muy bien que no se da por méritos propios, sino porque el Señor ha querido. Por ello, es importante que en primer lugar ustedes le agradezcan a Dios Uno y Trino el llamado que les ha hecho para ser sacerdotes, para ser sus colaboradores cercanos en la obra de la salvación.

Seguramente el día de hoy, con todos los nervios y con todo lo que traen, agradecen de corazón a las personas que han sido importantes, fundamentales, en el nacimiento, desarrollo y perseverancia de su vocación; de manera fundamental a sus papás, ellos les han dado la vida y tantas cosas hermosas. Hoy a ti, Pablo, tus papás te han dado su bendición; y a ti, Sergio, tu papá te ha dio la bendición y desde el cielo tu mamá, para que inicien con generosidad y entrega una nueva etapa en su vida como presbíteros. También den las gracias a sus hermanos y familiares, que con su amor y con su oración los han apoyado, animado y acompañado.

Sé que también agradecen a las personas que han ido caminando en su vida, en toda esta formación inicial en el Seminario, obispos, formadores, maestros, personal en el Seminario, presbíteros cercanos que los impulsaron en este ideal, a los religiosos, religiosas, compañeros seminaristas, laicos y laicas que fueron instrumentos del Señor para que ustedes tuvieran más elementos para su discernimiento vocacional.

Queridos diáconos, siempre en las ordenaciones sacerdotales me parece importante resaltar algunos aspectos que son fundamentales en la vida del presbitero, que ya los conocemos, ya los sabemos, pero que debemos vivirlos en la práctica:

El primero, sean sacerdotes de oración, sigan el ejemplo de Jesucristo, que, por el impulso del Espiritu, tenía como prioridad la oración, hablando a su Padre con filial confianza e intimidad incomparable, dando ejemplo a sus discipulos, a los cuales expresamente enseñó a orar. El sacerdote es Alter Christus, puede manar rios de agua en la medida en que él, permaneciendo existencialmente unido a Cristo, se abra a la acción del Espiritu Santo y salga de sí mismo para ser signo e instrumento de gracias divinas. “El que no sale de sí -ha dicho el Papa Francisco- en vez de mediador, se va convirtiendo poco a poco en Intermediario, en gestor”. “Les pido por tanto -dice el Papa- que sean pastores con olor a oveja, que eso se note”, que seamos en consecuencia pastores a Imagen de Cristo Jesús, que seamos pastores que sabiendo estar con Jesús salen incansablemente en busca de la oveja perdida, de los más necesitados, como lo hacia el Señor.

El segundo aspecto, sean sacerdotes que anuncian a Jesucristo con su palabra y con su testimonio. Ustedes que han sido promovidos al Orden del Presbiterado, consideren que ejercitando el ministerio de la sagrada doctrina serán participes de la misión de Cristo, único Maestro. Den a todos esa Palabra de Dios que ustedes mismos han recibido con alegría. Solamente seremos testigos creibles cuando anunciamos a Jesucristo con la palabra y con el testimonio. El sacerdote es una persona que descubre, encuentra, sigue y anuncia a Jesucristo el Señor; es alguien que tiene un gozo inmenso en su corazón, que no puede permanecer callado, y grita narrando la historia de su amigo Jesús de Nazaret, que lo ha salvado dándole sentido a su vivir. Por ello, queridos diáconos Sergio y Pablo, ustedes están llamados a ser discipulos misioneros, a narrar con pasión la historia de Jesus, porque tienen la fe y la esperanza de que las personas que se encuentran con el Señor tendrán vida nueva.

El tercer aspecto, sean sacerdotes que siempre sean signos e instrumentos de comunión, están llamados a vivir impulsar la comunión de los hombres con Dios y de los hombres entre sí. Vivimos en una humanidad dividida y fragmentada por el individualismo, el relativismo, el hedonismo, la competitividad, la polarización, la violencia, la inseguridad, la pobreza, la migración, y tantas situaciones acentuadas en este tiempo con la pandemia del Covid–19. Es urgente seguir promoviendo la comunión con una clara conciencia de ir día a día construyendo la fraternidad a la que nos invita Jesucristo. Les pido a ustedes, Pablo y Sergio, que siempre procuren ser instrumentos de comunión, en donde quiera que se encuentren. Debemos estar convencidos de que con la espiritualidad de la comunión que se promueve en nuestra Iglesia Particular se va edificando la unidad y, como consecuencia, el Reino de Dios.

El cuarto aspecto, sean sacerdotes que hagan su opción por los pobres y necesitados; Jesucristo vino a salvarnos a todos, pero ciertamente hizo su opción por los pobres, por los pecadores, por los que más sufren. Escuchamos en la primera lectura de hoy el pasaje de Is 61, que después en la Sinagoga de Nazaret Jesús proclama: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la Buena Nueva a los pobres, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos, a dar la vista a los ciegos, a liberar a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor», asi ustedes y nosotros estamos llamados a seguir las huellas de Jesús.

Quiero invitarlos a que se sigan integrando con alegría y apertura a nuestro presbiterio; busquen siempre ser positivos, colaboradores y creativos; cuiden con esmero y diligencia su formación permanente, esforzándose en seguir el camino de la santidad.

Pidámosle a la Santísima Virgen Maria, en su advocación de Nuestra Señora de los Remedios, que nos bendiga, a toda nuestra Iglesia y a ustedes, Sergio y Pablo, e interceda ante su Hijo Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote por las vocaciones sacerdotales, religiosas y laicales. Amén.

 

+ José Antonio Fernández Hurtado

Arzobispo de Tlalnepantla