Logo Arquidiocesis

 

 

 

Logo RESAR

     

Homilías

HOMILÍA MIÉRCOLES DE CENIZA

marzo 06, 2010

Homilía Miércoles de Ceniza

 

Los domingos anteriores hemos escuchado sobre cuáles deben ser las características del cristiano. Cristiano es una persona que, porque tiene el espíritu de Cristo, porque ha recibido el Espíritu Santo, aprende a amar como Cristo nos amó. Porque tiene el Espíritu Santo, un cristiano aprende a hacer el bien a todas las personas sin discriminación alguna, porque se siente responsable de su prójimo. Un cristiano es una persona capaz de perdonar las ofensas que recibe. Y realmente eso dice también la escritura, un cristiano es aquel que ora, suplica, al Padre celestial por buenos y malos, por vivos y difuntos. Y así podemos seguir recordando lo que los últimos domingos se nos ha enseñado sobre lo que es un cristiano. La pregunta es: ¿yo cómo vivo mi vida cristiana? Y por eso el tiempo de la Cuaresma es un tiempo para que nosotros tomemos conciencia de cómo es nuestra vida, de cómo vivimos nuestro seguimiento de Jesús, de cómo manifestamos en nuestra vida la acción y la presencia del Señor para la salvación de la humanidad.

El segundo aspecto que nos resalta hoy la Palabra es hacia dónde vamos. Uno es quiénes somos, somos discípulos de Jesús, y el segundo es hacia dónde vamos. El pueblo de Israel tenía conciencia de que el final de su camino, de su paso por el desierto, era la tierra prometida, y de que para entrar a la tierra prometida era necesario adquirir una conciencia, una actitud y una manera de vivir. Nosotros no vamos hacia la tierra prometida, nosotros encaminamos nuestra vida hacia la Pascua del Señor, este es nuestro horizonte, entrar en la Pascua definitiva con Cristo. Es la Pascua que celebraremos dentro de 40 días, pero la Pascua definitiva , la comunión con Dios, ese es el sentido, es la finalidad de haber arrastrado la fe, es la finalidad de recibir el espíritu de Dios, poder participar dignamente de la Pascua del Señor.

El tiempo de la Cuaresma, es por tanto, un tiempo en el cual nosotros debemos tomar conciencia qué es y qué aspiro en mi vida, en un mundo en donde la necesidad nos obliga a pensar casi sólo en el dinero; en un mundo donde la crueldad nos lleva a pensar sólo en nuestras actitudes egoístas; en un mundo donde nosotros podemos incurrir a una satisfacción inmediata debido a la presunción. El tiempo de la Cuaresma nos va a recordar: tú caminas con Cristo, tú das , tú aspiras a la comunión definitiva con Cristo en la Pascua eterna.

Y el tercer aspecto que nos resalta también hoy la Palabra es: cómo es nuestro anuncio del Señor, con qué lo anuncio y cómo lo vivo. El único modo válido y creíble de anunciar la salvación del Señor es nuestra propia vida. Por eso hoy la Palabra nos recuerda que para que tú anuncies creíble o con credibilidad al señor, debes tener el espíritu del Señor y las actitudes del Señor. De ahí que la Cuaresma sea un tiempo de súplica, un tiempo para pedir al Señor unos por otros que nos regale su Santo Espíritu, un tiempo de testimonio, y para poder dar testimonio necesitamos renovar nuestras actitudes interiores y nuestras expresiones exteriores de nuestra fe. Para todo esto la Santa Madre Iglesia dispone estos cuarenta día, suplica al Señor y nos invita a suplicar todos juntos para que el Señor nos regale su Santo Espíritu y podamos recuperar nuestro verdadero espíritu cristiano. Y podamos rehacer nuestro camino y conducirnos hacia la comunión plena con el Señor, y podamos también recuperar nuestra alegría y nuestro entusiasmo por anunciar con nuestras palabras y con nuestras obras la salvación que hemos recibido de Cristo.

Que el Señor tenga compasión de nosotros, que el Señor mire a esta Iglesia de Tlalnepantla con misericordia. Que el Señor nos regale su Santo Espíritu y nos permita caminar por este tiempo, tiempo de experiencia de Dios, tiempo de comunión con los hermanos, tiempo de profundización en nuestra fe, tiempo de preparación para celebrar con alegría la Pascua del Señor.

Que así sea.

 

+Mons. Jorge Cuapio Bautista

Obispo Auxiliar de Tlalnepantla