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Homilías

HOMILÍA PRONUNCIADA DURANTE LA MISA EN LA VISITA A LA ETAPA DE DISCIPULADO DEL SEMINARIO DE TLALNEPANTLA.

octubre 09, 2017

 

“Haz contestado bien, si haces eso vivirás” (Lc 10,28).

 

Así respondió Jesús a la pregunta que le hizo un Maestro y Doctor de la Ley: “¿Qué debo hacer para conseguir la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Qué es lo que está escrito en la ley?” (Lc 10,25-26). Y el Doctor salió bien de su examen, le pusieron diez, respondió adecuadamente, lo afirma Jesús: “Haz contestado bien” (Lc 10,28).

Además de la calificación de diez, una indicación muy importante,nJesús añadió: “Si haces eso, vivirás” (Lc 10,28). El amor a Dios se expresa en el amor al prójimo y solamente tenemos visible al prójimo, Dios es invisible. Por eso, con toda claridad San Juan comenta: “El que dice que ama a Dios a quien no ve, pero no ama a su prójimo a quien ve, es un mentiroso” (1 Jn 4,20). Es lo mismo dicho con otras palabras: “haz eso y vivirás” (Lc 10,28), ama a tu prójimo y amarás a Dios, a Él lo encontrarás en el amor al prójimo.

Por tanto, lo primero que nos indica esta lectura del Evangelio de hoy es poner en práctica lo que vamos aprendiendo de la Palabra de Dios. No solamente conocer la Palabra, sino ponerla en práctica. Tener esta sensibilidad para descubrir mi prójimo.

“¿Quién es mi prójimo?” (Lc 10,29), le pregunta el Doctor a Jesús para justificarse, bien que lo sabía. ¿Quién es mi prójimo? El que está necesitado, al que tú puedes ayudar, el que pasa a tu lado, tú te encuentras con él o tú conoces su vida y su situación. Ayúdalo, dale la mano, sé generoso. Sensibilidad, disponibilidad y acción para ayudar al prójimo.

Recogemos de esta página del Evangelio este elemento que le faltaba a Jonás. En este primer capítulo del libro de Jonás, que presenta la primera lectura, vemos a un hombre que había sentido el llamado y la inquietud para ser Profeta, pero tuvo miedo y huyó. Sin embargo, el Señor lo busca y vuelve a encontrarse con él, interviene para salvarlo y le vuelve a dar la oportunidad de responder a la vocación para la que lo tenía destinado.

Los profetas en la historia de Israel siempre tuvieron pretextos para no aceptar su vocación. Moisés dijo: “¿Quién soy yo Señor para ir con el Faraón? Soy tartamudo, no hablo, casi no sé hablar. Búscate otro…” (Ex 4,10). Jeremías dijo: “Señor, pero si yo sólo soy un muchacho… (Jr 1,6), por qué me pides esto a mí, no voy a poder… O Isaías que dice: “Señor yo soy un hombre de labios impuros” (Is 6,5), soy frágil, cómo voy a hacer, lo que me estás pidiendo.

Los pretextos a todos nos vienen a la mente inmediatamente, en cuanto empezamos a sentir la inquietud, el llamado de Dios. La vocación, hablar en nombre de Dios, siempre nos causa este temor: ¿seré capaz? ¿Yo, hombre frágil, débil, que me conozco a mí mismo, seré capaz de hablar en nombre de Dios? “Yo estaré contigo” (Ex 4,12; Jr 1,8). Es la respuesta, que una y otra vez, encontramos en la historia de los Profetas: “Yo estaré contigo”.

Que el Señor Jesús en los distintos momentos de nuestra vida, nos ayude a superar los múltiples pretextos que nos vienen a la mente para dejar el camino de nuestra vocación, y con plena confianza en el Señor, le expresemos lo que sentimos, lo que pensamos. ¡Haz eso y vivirás! (Lc 10,28)

Que así sea para todos nosotros.

 

+Carlos Cardenal Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla