Logo Arquidiocesis

 

 

 

Logo RESAR

     

Homilías

HOMILÍA PRONUNCIADA EN LA VISITA A LA ETAPA DE CONFIGURACIÓN DEL SEMINARIO

octubre 25, 2017

“¿Dices esta parábola sólo por nosotros o por todos?” (Lc 12,41)

A Pedro le inquietó que Jesús les advirtiera la necesidad de vigilancia, de estar alerta, de prepararse y en la inquietud también le vino a la cabeza: “Bueno, a lo mejor lo está diciendo por tanta gente irresponsable que no sabe a qué vino al mundo, que no se conoce… o ¿lo estará diciendo por nosotros? Pedro, con toda sinceridad le planteó la pregunta: “¿dices esta parábola sólo por nosotros o por todos?” (Lc 12,41).

Es interesante que Jesús no responde ni “sí” ni “no”. Pero en su respuesta señala claramente que es para todos. Por qué no dijo simplemente: “Sí Pedro, es para todos”. Porque le interesa a Jesús aprovechar la pregunta para acentuar la importancia de lo que había dicho, y no simplemente para ver sobre quién recae la responsabilidad de lo que ha dicho.

Jesús centra la respuesta para subrayar que es indispensable tener esta actitud. Y por eso les pone este ejemplo de un administrador: un administrador que sabe utilizar los recursos y un administrador que derrocha todo. Con este ejemplo queda claro que Jesús está indicando que la advertencia, la actitud vigilante, la actitud de alerta es fundamental para administrar nuestra vida, para administrar nuestra vocación y nuestra misión, para administrar nuestros propios recursos, empezando con los humanos, personales y con todos los bienes.

Jesús termina insistiendo en esa importancia al afirmar: “Al que mucho se le da, se le exigirá mucho y al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más” (Lc 12,48). Pareciera que Jesús plantea una exigencia mayor al que se muestra responsable en lugar de una recompensa por administrar bien. ¿Veamos por qué?

En la dinámica humana, cuando uno administra algo bien, pero mira el ejemplo del vecino, o el esposo de la esposa, o al interior de una familia de padres a hijos, y se ve uno que administró mal, le viene a uno la gana de también ser así: ¡Bueno, si estos no se responsabilizan, tampoco yo.” Sin embargo si entendemos bien qué es esa exigencia mayor a la que se refiere Jesús, sabremos motivarnos para superar esa tentación de soltar las riendas sobre la responsabilidad ante el mal testimonio de otro.

Al afirmar Jesús: “Al que mucho se le da, se le exigirá mucho y al que mucho se le confía, se le exigirá mucho más” (Lc 12,48), ¿dónde está la clave para comprender esta afirmación? En que esa exigencia es beneficio para el que realiza su responsabilidad. No es una exigencia que se entiende como: ¡Ah, te voy a poner a prueba...! Te voy a mandar esto, ahora esto, ahora esto otro… no; la clave de esta afirmación es entender que, Dios en su infinito amor que nos tiene cuando nosotros le correspondemos como buenos administradores, el Señor nos da mucho más, y en ese amor nos confía más. O, ¿no les pasa a ustedes así cuando encuentran a otra persona en la que pueden confiar, en la que pueden decir: a éste lo que le confié, lo que le pedí, lo ha hecho muy bien, y cada vez algo más, sé que lo seguirá haciendo muy bien? La relación de conocimiento de las personas acrecienta nuestra confianza para pedirle más. Y en esa mayor exigencia la persona crece, se desarrolla y se hace capaz de muchísimas más cosas. De lo contrario se empequeñece, se atemoriza, le salen mal las cosas y ya no se atreve a hacer algo más y se vuelve un mal administrador.

Finalmente la primera lectura ofrece otra clave para seguir profundizando la enseñanza del Evangelio de hoy. Cuando San Pablo dice: “No dejen que el pecado domine su cuerpo mortal y los obligue a seguir sus malas inclinaciones” (Rm 6,12). ¿Cuáles son sus malas inclinaciones? Las malas inclinaciones son aquellas que proceden del egoísmo, de pensar sólo en nosotros y en nuestro beneficio personal, cuando dejamos de mirar al otro. Estas son las malas inclinaciones, cuando rompemos ese dinamismo para el que fuimos creados por Dios, de encontrarnos con el otro como hermano.

Toda mala inclinación que nos lleva sólo a mirarnos a nosotros mismos, en nuestro beneficio personal, es lo que tenemos que evitar, y así seremos muy buenos administradores y entraremos cada vez más en una intimidad de relación con Dios.

Pidámosle al Señor Jesús que nos ayude a entender este camino, que aparentemente es tan sencillo, pero en la práctica encuentra tanta resistencia, porque no nos atrevemos a romper los esquemas de nuestro pensamiento para entender el pensamiento del prójimo, las condiciones y situaciones del otro, y siempre juzgamos sólo desde nuestra propia manera de concebir las cosas.
Pidámosle a Dios, Nuestro Padre, la gracia de ser los buenos administradores para lo que Dios nos ha creado.

 

+Carlos Cardenal Aguiar Retes
Arzobispo de Tlalnepantla