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Homilías

HOMILÍA VIERNES SANTO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR

abril 14, 2017

Homilía Viernes Santo de la Pasión del Señor

14-Abril-2017

 

Muchos se horrorizaron al verlo, porque estaba desfigurado su semblante, que no tenía ya aspecto de hombre.

 

De esta manera el Profeta Isaías en la primera lectura, describe lo que siglos después sería una realidad en la persona de Jesucristo.

 

 Habiendo escuchado el relato de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, es importante hacernos esta pregunta: ¿de qué manera contemplo a Jesús crucificado? ¿Cuál es la concepción de esta cruz? Si es una concepción, de una cruz trágica, dramática, que conmueve, y hace surgir sentimientos de compasión, sentimientos de desaprobación, o si se alcanza a contemplar a Cristo, crucificado en una cruz gloriosa. ¿Cuál es la forma en que miramos la cruz de Cristo? ¿Como una cruz dramática, o como una cruz, llena de luz y de vida?

 

Si la respuesta es una cruz trágica, es normal para un primer momento, pero aún no se ha alcanzado a entender el misterio de la Pasión y Muerte de Cristo. Si la respuesta es que contemplamos una cruz gloriosa, quiere decir, que ya estamos caminando en la luz de la Pascua.

 

Si estamos en la primera manera, o estamos en ambas respuestas, la invitación es que cada uno recorra brevemente, cómo la Cuaresma de este año nos ha preparado para ver la luz de la Pascua. Porque éste es el sentido pedagógico de la Cuaresma.

 

Para ello el Miércoles de Ceniza, nos recordó que cada uno de nosotros somos polvo y que en polvo nos convertiremos. Así indicó que el paso por este mundo es transitorio, estamos de paso, somos peregrinos. La explicación de lo que suceda en esta vida, no siempre  tiene en esta misma vida la respuesta a todas las incógnitas que se nos presentan. Esto señaló la liturgia del Miércoles de Ceniza.

 

Después la liturgia en el primer Domingo de Cuaresma, presentó a Jesús ante la tentación. ¿Cuál es mi destino, cuál es mi vocación? Son preguntas que Jesús se planteó. En ese discernimiento le ayudó escuchar la Palabra de Dios.

 

También para cada uno de nosotros es indispensable acudir a la Palabra de Dios para discernir nuestra vida, nuestros  contextos en la experiencia personal, y descubrir lo que Dios quiere de cada uno de nosotros.

 

En el segundo Domingo de Cuaresma, la liturgia nos llevó al Monte Tabor, para ascender con Jesús, subir para descubrir a Cristo como el Hijo amado de Dios, al que debemos escuchar y obedecer. ¿Quién es Cristo para cada uno de nosotros?

 

En el tercer Domingo de Cuaresma, se escuchó esa bellísima escena en la que Jesús buscó a los extranjeros, a los samaritanos, a los marginados de la comunidad judía, a los considerados como rebeldes y traidores a la fe. Ahí Jesús se acerca a una mujer, una mujer que va como todos los días a buscar el agua, pero ese día se encuentra con un personaje que la invita a descubrir un manantial, que puede surgir dentro de ella, y del cual brotará agua que da vida.

 

¿Hemos descubierto nosotros ese manantial en nuestro  interior, del que surge vida, no sólo para cada uno de nosotros, sino para los demás, especialmente los marginados, los excluidos, los más pobres?

 

El cuarto Domingo la liturgia presentó un hecho sorprendentemente milagroso. Un ciego de nacimiento, escuchó que un hombre llamado Jesús se acercó a él, y poniéndole lodo en sus ojos, le dijo: vete a lavar a la piscina de Siloé, fue y se lavó los ojos y comenzó a ver.

 

¿Hemos descubierto en Jesús la luz que orienta nuestra vida, la luz que ilumina nuestro caminar cotidiano? Es para cada uno de nosotros indispensable estar atentos a la Palabra  de Dios, y a la luz que de ella procede.

Así llegábamos al quinto Domingo de Cuaresma, en el que de forma más imponente surge el milagro de la resurrección de Lázaro, para indicarnos que después de la muerte, el ser humano vive, no está muerto, hay trascendencia, hay más allá. Para indicarnos de forma pedagógica, que ésto es lo que pasaría en la muerte de Cristo. Nos mostraría que la vida no acaba aquí, que la vida trasciende. Que estamos creados por Dios para la eternidad.

La resurrección es el camino que nos ayuda a descubrir que esta cruz, que en un primer momento es drama o tragedia de la vida humana, nos conmueve y parece aprisionarnos en sentimientos de tristeza, angustia y desesperación.

Sin embargo quien conoce a Cristo, no se queda en el hecho, en ese acontecimiento doloroso, trasciende, ve más allá, descubre el agua que da vida, la luz que orienta, y la vida misma que trasciende la muerte.

Por eso el Domingo pasado, la liturgia nos conducía para que el pueblo cantara ¡Viva Cristo Rey! Como hoy, lo afirmaba Jesús a Pilato en el relato de la Pasión: ¡Yo soy Rey! Pero el Reino de Jesús no es como lo concibe el mundo. El Reino de Jesús es: justicia, fraternidad, perdón, reconciliación y paz. El Reino de Jesús es amor.

Éste es el camino que la liturgia nos propuso en esta Cuaresma. Habiéndolo recorrido nos hemos preparado para contemplar a Cristo crucificado en una Cruz Gloriosa, fuente en donde se descubre y se encuentra siempre esperanza y luz para nuestro camino en esta vida.

 

 

 

+Carlos Cardenal Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla