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Homilías

HOMILÍA VISITA PASTORAL ZONA III

marzo 04, 2017

Homilía Visita Pastoral Zona III

04-Marzo-2017

 

Construirás sobre tus viejas ruinas y edificarás sobre cimientos muy antiguos

 

Las palabras del Profeta Isaías tienen como contexto la vuelta del pueblo de Israel, habiendo pasado setenta años en el exilio, y el reencuentro con la ruinas de Jerusalén y del templo de Salomón que habían sido destruidos. Construirás sobre tus viejas ruinas y edificarás sobre cimientos muy antiguos. Te llamarán reparador de brechas y restaurador de hogares derruidos.

 

Ante el cuadro sombrío que materialmente refleja el texto, podemos considerar el cuadro moral en el que nos encontramos hoy en día.

 

Nuestros cimientos de una sociedad cuya conducta social se había fundamentado en los valores  del Evangelio, se han  fragmentado y en muchos casos deteriorado y hasta derrumbado. Nos encontramos en un momento crítico en la historia, no solamente en nuestro país, sino es una crisis global, cuyo factor determinante es la crisis de la Familia, según ha orientado el Papa Francisco, aunque muchos no lo acaban de descubrir ni aceptar.

 

Las preocupaciones en este momento de los gobernantes o de grandes sectores de la sociedad, que son tema constante en las redes sociales y los medios de comunicación son: la inseguridad, la injusticia, el enriquecimiento ilícito, la corrupción. Sin embargo la raíz de nuestros males no es ninguno de ellos. La raíz y factor determinante es la crisis de la Familia.

 

Así, mientras se trata de encontrar solución a las consecuencias y se deja de lado el factor y raíz del deterioro del tejido social y de nuestra cultura, no seremos eficaces, y continuaremos insatisfechos, desesperanzados, incapaces de vislumbrar un futuro prometedor, más promisorio.

 

El Papa Francisco, inmediatamente a los pocos meses de ser elegido Pontífice, señaló que el factor detonante de la fractura cultural es la crisis de la familia, porque la familia es la célula de la sociedad.

 

Sabemos, por la investigación médica, que el cáncer surge cuando las células del cuerpo humano se van en contra de las otras células. Cualquier órgano o tejido donde aparezca esta guerra se deteriora con rapidez: el hígado, el páncreas, el cerebro, los riñones, los pulmones, y la consecuencia son los tumores que entorpecen y obstaculizan el funcionamiento orgánico.

 

Nuestra sociedad tiene sus tumores, que los origina el mal funcionamiento de las células, que son las familias. Así, nuestra sociedad tiene sus tumores y sus males, pero la raíz está en la crisis de la familia.

 

El Papa pide entonces, a partir de un análisis, en el que he participado mediante los dos sínodos de 2014 y 2015, que se replanteen las estrategias pastorales. Ya no es posible estar recibiendo las solicitudes de matrimonio, y simplemente contentarnos con verificar que no esté casado, acta de bautismo actualizada, anotar la misa, e impartir el sacramento del matrimonio, y que les vaya bien. Es un mínimo totalmente insuficiente.

 

De esta forma la célula de la sociedad se sigue dañando, y constatamos con tristeza, que antes de los cinco años de matrimonio, son muchos los que se separan. No están preparados, no saben el significado del matrimonio, y hay quienes desde un principio deciden el matrimonio como una prueba, a ver si se entienden y les va bien.

 

Hoy todavía tenemos un bono con el testimonio y ayuda de los abuelos que sostienen a los hijos en sus necesidades. Los abuelos muchas veces se han convertido en una figura importante, determinante, y significativa para el desarrollo de los nietos. Los abuelos están contentos cuando logran establecer una ayuda, pero no es la solución al mal que ocurre.

 

El replanteamiento de la Pastoral de la familia exige que las estructuras pastorales preparen, conduzcan y acompañen, antes, durante, y después a los nuevos matrimonios. Sin embargo, con honestidad reconocemos que las Parroquias no tienen las estructuras necesarias ni los agentes de pastoral preparados. Urge una participación y organización eclesial, que con gran pasión y mística nos ayuden en esta tarea.

 

Nos debe animar el constatar que nuestros jóvenes son sus hijos, y son buenos, pero no han encontrado el camino. Sus nietos son preciosos, son tiernos, he estado visitando treinta colegios en la Arquidiócesis, y los pequeños son un encanto. ¿Cómo se echan a perder? Porque no hay acompañamiento.

 

El único acompañamiento eficaz es el de los propios padres, los que  así lo vivimos es un enorme tesoro, nos permite ser maduros afectivamente, nos permite entender al otro, porque la familia es la cuna donde se aprende el amor. El amor gratuito de Dios que se expresa  en la donación  generosa de papá y mamá para velar por sus hijos. Si esto falta, nuestros males no solamente no mejorarán sino se deteriorarán.

 

Por eso es interesante esta Palabra de Dios que acabamos de escuchar, construirás sobre tus viejas ruinas y edificarás sobre cimientos muy antiguos, te llamarán reparador de brechas y restaurador de hogares derruidos. Y poco antes había dicho el texto: El Señor te dará reposo permanentemente, en el desierto te saciará, y le dará vigor a tu cuerpo, serás como un huerto bien regado, como un manantial cuyas aguas no se agotan.

 

¿Dónde estuvo la clave para que el pueblo de Israel al regresar del exilio, reconstruyera el Templo y la ciudad, y floreciera de nuevo la comunidad? En que escucharon a los profetas, en el atender a la llamado de Dios, en la comunión  y el esfuerzo.

 

Nadie puede hacerlo sólo. Por muy felices que sean los abuelos en ayudar a sus nietos, al crecer llegará un día en que sean inducidos negativamente por las redes sociales, por el internet, por sus compañeros, se necesita trabajar juntos.

 

Por eso es muy importante atender el llamado del Papa Francisco hecho mediante la Exhortación postsinodal Amoris Laetitia, la alegría del amor. Esa es nuestra esperanza, porque somos testigos de que es posible amar en el tránsito de la vida y descubrir el amor de Dios. Sin duda, por eso están aquí ustedes, ya que si no hubieran descubierto un mínimo de experiencia de amor, hubieran  aprovechado este fin de semana para irse a descansar.

 

Este testimonio puede hacer surgir en nosotros la experiencia del Evangelio de hoy. Seremos ese Mateo Leví que se levanta de su mesa cuando escucha que Jesús le dice: ¡Ven y sígueme! Leví se levantó de la mesa, se incorporó al grupo del Señor, no obstante los prejuicios de los otros Apóstoles que no lo querían, que lo consideraban publicano y pecador, amante del dinero y cooperador  con el sistema organizado en favor del imperio Romano. Era visto por los otros Apóstoles como la oveja negra, aunque la oveja negra resultó ser otro.

 

Mateo tuvo que vencer esos prejuicios de los Apóstoles y lo hizo posible porque se centró en la voz que le dijo: ¡Ven y sígueme! Y hoy, gracias a Mateo, tenemos un Evangelio, porque se preocupó de poner por escrito lo que vió y escuchó de Jesús. Así ha mantenido la posibilidad, por generaciones y generaciones, de escuchar a Jesús, portador del anuncio del Reino de Dios, presente en medio de nosotros.

 

Pongamos nuestra confianza en Cristo, no en nuestras limitaciones. Yo estoy seguro, que al escucharme cada uno de ustedes, pensó en su propia situación, en su  alrededor, y seguramente muchos de ustedes dijeron: es muy difícil cambiar esta situación. En efecto, el seguimiento de Cristo hay que afrontarlo asumiendo nuestra cruz, pero con la confianza en el poder de Dios.

 

Por eso hemos venido a la Eucaristía. Presentémos espiritualmente en la ofrenda del Pan y del Vino nuestras preocupaciones, particularmente ésta, la crisis de la familia. Pidámosle al Señor Jesús, que nos ayude a afrontar y orientar esta crisis de la familia para que recuperemos la célula de la sociedad y tengamos un futuro esperanzador. Que así sea.

 

 

 

+Carlos Cardenal Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla