Logo Arquidiocesis

 

 

 

Logo RESAR

     

Homilías

HOMILÍA VISITA PASTORAL ZONA IV

marzo 11, 2017

Homilía Visita Pastoral Zona IV

11-Marzo-2017

 

Tú serás un pueblo consagrado al Señor, tu Dios.

 

Éste es nuestro destino, ser el pueblo de Dios. Hoy las dos lecturas se complementan de forma gradual y progresiva, en ese proceso para ser pueblo de Dios.

 

La primera lectura del Deuteronomio, ubicada en el contexto de la Alianza Sinaítica, recuerda la reciprocidad. Dios nos acompaña nos orienta y nos guía con sus mandamientos, pero espera de su pueblo reciprocidad, correspondencia.

 

Para ello, los mandamientos de la ley de Dios son la claridad de lo que se tiene que hacer para corresponder a la alianza. La reciprocidad llevará a esa primera experiencia de descubrir el amor de Dios. De ahí entendemos el proyecto de Dios en la creación del varón y la mujer para establecer la familia. Porque papá y mamá expresan el amor gratuito a sus hijos, sin estar condicionado por la respuesta, aunque la correspondencia de los hijos llevará a la plenitud, a la experiencia del amor.

 

La alegría inicial de los padres de familia al engendrar hijos es evidentemente el tenerlos. Pero no se puede quedar simplemente ahí, pues sería un camino truncado, sino tiene que crecer, y la forma de hacerlo es que sus hijos vayan correspondiendo a su amor. Cuando los hijos corresponden al amor de los padres, la felicidad de los padres es increíble.

 

Éste es el primer paso, la primera fase o etapa para ser pueblo de Dios, reconocer a Dios y corresponder a su amor. Descubrir su amor  en la vida, y corresponderle nosotros, cumpliendo sus mandamientos.

 

Hoy Jesús en el Evangelio indica que tenemos que seguir más adelante. La reciprocidad es un primer paso fundamental, importantísimo, pero tenemos una etapa más para alcanzar a ser como Dios, Nuestro Padre.

 

Dios ama a todos, a los que le correspondemos en el amor y a los que no le corresponden. No cancela su afecto no obstante la falta de correspondencia. Su preocupación y cercanía crece, y para atraer a los extraviados se hace presente en los momentos dolorosos, trágicos o dramáticos de nuestra vida, ahí son una oportunidad magnífica para descubrir el amor de Dios.

 

Aparentemente suele pasar que la persona que sufre exclama: ¡Por qué Dios mío! Es su primera reacción, más cuando lo afronta y lo vive en la confianza del amor de Dios, termina diciendo: ¡Gracias Dios mío!

 

En el Evangelio de hoy escuchamos en boca de Jesús: Yo en cambio les digo, amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persoguen y calumnian, para que sean ustedes hijos de su Padre celestial.

 

Nuestra meta no es simplemente descubrir que Dios nos ama y amarlo a él, nuestra meta es ser como él. Por eso el Evangelio dice: Ustedes sean perfectos como su Padre celestial es perfecto.

 

Hemos sido bautizados en el nombre de la Trinidad, Padre, Hijo, y Espíritu Santo para compartir la naturaleza divina. Estamos creados y llamados a vivir la naturaleza divina. Nuestra meta es alcanzar la plenitud del amor.

 

Recuerden ustedes, los que han dado ese paso en alguna experiencia aunque sea insignificante, de haber pedido por sus enemigos, por alguien que les ha hecho daño, el corazón crece, porque se hace a la manera del corazón de Dios. Este es nuestro destino.

 

Así seremos el pueblo de Dios, mostraremos el rostro misericordioso del Padre en nuestras relaciones con los demás. Pero no tengan miedo porque siempre que escuchamos este pasaje del Evangelio, nos cuesta trabajo aceptarlo, porque amar al enemigo nos parece muy difícil.

 

Pero si se comienza con este primer paso qué es corresponder al amor, casi de manera poco consiente se llegará a experimentar el amor al prójimo que posiblemente nos odia, persigue, o calumnia porque no ha amado, porque no sabe lo que es el amor. Muchas veces pretende arrebatar nuestra experiencia de amor.

 

No tengan  miedo de anhelar lo que Dios ha señalado que es nuestro destino: ¡Imitar al Padre celestial, ser como el Padre celestial, llegar a experimentar la plenitud del amor! Que así sea.

 

 

 

 

+Carlos Cardenal Aguiar Retes

Arzobispo de Tlalnepantla