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Homilías

HOMILÍA VISITA PASTORAL ZONA VII

mayo 23, 2019

HOMILÍA EN LA VISITA PASTORAL A LA ZONA VII

El Señor quiere que cada uno de nosotros demos fruto y frutos en abundancia. Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús, a todos los saludo con mucho afecto, mis hermanos sacerdotes, mis hermanos obispos. Sin duda que hoy ha sido una tarde bendecida por Dios porque experimentamos en el fondo de nuestro corazón una alegría, la alegría de ser discípulos misioneros de Jesucristo.

Desde el día de ayer ya el Evangelio de San Juan, en el capítulo 15, nos habla de cómo el Señor es la Vid y nosotros los sarmientos y cómo si nosotros queremos dar frutos necesitamos estar unidos al Señor. Los testimonios que hemos escuchado van en esa línea de querer salir a dar testimonio de Cristo, si nosotros no estamos unidos a la Vid a lo mejor podemos predicar o anunciar otras cosas pero nosotros queremos anunciar que Jesucristo es el Señor, que Él es el camino, la verdad y la vida. Si estamos Unidos a Jesús vamos a dar esos frutos que Él quiere.

Sin duda que este tiempo de Pascua es un tiempo también de mucha alegría, de mucho gozo, al escuchar los testimonios de los primeros cristianos. Esos primeros cristianos, esas primeras comunidades, que a veces podemos idealizar pero que eran comunidades que tenían problemas, tenían dificultades, vivían en persecución también, pero siempre salían adelante porque en medio de ellos estaba Jesús resucitado. Podemos regresar un poquito en el Evangelio cuando Jesús convivía con sus amigos, cómo Él tenía esa pastoral, podemos decir, intensiva, a los apóstoles los fue formando, pero también tenía una pastoral extensiva y se dirigía a toda la muchedumbre. A veces los apóstoles, Pedro, Andrés, Simón, no le entendían y Él tenía mucha paciencia y les iba explicando los secretos del Reino; cómo los enviaba a Evangelizar, es el ejercicio que hicimos nosotros hoy. Después de que ellos iban a evangelizar, iban de dos en dos, regresaban y compartían su experiencia. Seguramente ahí Jesús, que es el gran pedagogo, el gran catequeta, purificaba algo que no estaba bien, porque a veces los apóstoles presumían que habían sacado demonios, que habían curado enfermos, y ellos solamente eran instrumentos, el que hace las maravillas es el Señor, es nuestro Dios.

Ahora nosotros hablamos de esta 5ta Gran Misión como un día especial en la Iglesia de Tlalnepantla. A veces no valoramos lo que tenemos, y en otros lugares lo valoran o dicen: ‘qué sucede’. Esta Gran Misión no es obra de la casualidad sino que también tuvo que haber esa moción del Espíritu Santo y una estructura, un pensar en cómo lanzar esta Misión, y ahora ya es la quinta, debemos valorarla, amarla y salir con esa alegría. No podemos imaginarnos a un evangelizador con cara de enojado, ¿verdad que no? ¿o de limón agrio? Sino nosotros debemos salir con esa alegría para manifestar que el Señor, como ustedes lo han dicho, nos ama y quiere darle sentido a nuestra vida. Es importante ese día de la misión porque, lo he platicado yo, nuestra sociedad también necesita de signos visibles, necesita de signos que impacten, no es nada más para decir ‘nosotros estamos haciendo, estamos anunciando a Jesús’ y podemos pararnos el cuello o decir un número grande salimos, sino que realmente tenemos que hacer caso al Señor que nos dice: “vayan por todo el mundo y lleven mi Evangelio”. Necesitamos que ese día sea un impacto pero que también sea parte del proceso que se lleva de evangelización, porque creo que, como dicen los jóvenes, a veces a algunos no nos ha caído el veinte, necesitamos que nos caiga el veinte y decir que la misión es de todos los días, por eso se habla de la misión permanente, la misión en la familia, la misión en la calle, la misión en las estructuras, la misión en la economía, la misión en la política, la mención en la sociedad. Así es que que sea un día como para que nos dé mucha cuerda para seguir evangelizando al Señor.

El Señor, en la parte de este Evangelio que mañana culmina, nos dice: “ya no los llamo siervos, los llamo amigos, porque a un amigo se le dicen los secretos del Reino; los llamo amigos y mi gloria está en que den fruto y su fruto permanezca”. Que sea una bendición para nuestra madre Arquidiócesis de Tlalnepantla esta 5ta Misión, y que nos ayude a segu9ir siendo misioneros. El Papa nos dice: ‘el gran desafío de la Iglesia es tener una Iglesia misionera’, es el gran desafío, si no hay Iglesia misionera no se está cumpliendo lo que el Señor quiere; desde que Él la fundó ha fundado esta Iglesia misionera, pero necesitamos estar unidos a la Vid. Vamos a decir todos: Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.