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CELEBRACIÓN FÚNEBRE EN MEMORIA DE LOS PRESBÍTEROS FALLECIDOS DEL AÑO EN CURSO Y DE LAS VÍCTIMAS DEL TERREMOTO DEL 19 DE SEPTIEMBRE.

septiembre 20, 2017

Tlalnepantla de Corpus Christi a 20 de septiembre de 2017.

 

 

Durante la reunión mensual con el presbiterio de la Arquidiócesis de Tlalnepantla, el Cardenal Carlos Aguiar Retes presidió una celebración fúnebre en memoria de los presbíteros fallecidos del año en curso y también en memoria de las víctimas  del terremoto del pasado 19 de septiembre en México.

En la homilía el Card. Aguiar explicó que “el hombre interpreta los acontecimientos adversos de forma natural como castigo de Dios (…), pero el verdadero Dios que manifestó Jesucristo es éste que escuchábamos en el Evangelio, es el Dios que propicia el camino de la caridad, el camino del amor, con la solicitud y servicio al necesitado”.

Exhortó a los sacerdotes a que “no pierdan de vista la relación entre la vida terrena y la vida eterna para poder conducir al rebaño -como dice el salmo 23- a veces alegremente en los verdes prados, en los manantiales de aguas en donde se refresca pero otras veces a través de las cañadas oscuras en donde la luz no aparece, en donde todo es tinieblas y soledad y lo único que consuela es saber que vamos juntos”.

También orientó la reflexión en torno al destino último de la vida humana, meditando en el paso natural de muerte como el acceso a este destino común:  “los fallecidos durante el terremoto es una desgracia, sin embargo, tenemos que descubrir lo que dice el libro de la Sabiduría: nuestro destino es el reino de Dios, es la eternidad” y añadió: “nosotros a lo mejor pensamos: ¡qué triste muerte!, porque nos quedamos solamente en el acontecimiento transitorio, terrenal y pasajero de la muerte, pero si contemplamos más allá -por eso los unimos a nuestra oración-, y decimos: ¡Señor, recíbelos en tu Reino, que sean parte de tu familia del Pueblo de Dios! podremos aprender a descubrir en estos acontecimientos lamentables el sentido verdadero de nuestra existencia y de nuestro peregrinar en esta vida, cuya meta es la vida eterna en la relación íntima con quien nos ha creado y con quien nos ama entrañablemente, nuestro Padre Dios”.